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DEBATE POPULAR ( PARTE II)

El Vedado, La Habana, 24 de septiembre de 2009, (PD) El Presidente Raúl Castro acaba de convocar a un nuevo debate sobre la situación del país, pero esta vez toma medidas: los debates sólo se referirán a lo que ocurre en cada lugar en particular. Esto significa que si vives en el Vedado, no te interesa el estado de las calles en San Miguel del Padrón, y si eres de San Antonio de los Baños, no te incumbe la contaminación ambiental provocada por la Antillana de Acero en el Cotorro.

Cuando se produjo la convocatoria anterior, fui ingenuo. En aquella reunión derroché esperanzas y deseos de ver a mi país salir del hueco. Recuerdo que exhorté a los participantes a plantear todo lo que conversábamos a diario en grupos de dos o tres personas. Aquel fue un buen momento, si el hermano había sido sordo, este, en cambio, nos quería oír. Parecía sincero, a pesar de ser él también parte en todo lo hecho o dejado de hacer.

El primer planteamiento fue que si ahora podíamos decir lo que quisiéramos sobre cualquier asunto, esto significaba que los presos con anterioridad por manifestar su opinión acerca de esas mismas cuestiones, debían ser puestos en libertad de inmediato, pues ahora no se consideraba delito expresarse. Algunos más realistas dijeron que no, a los presos no los iba a soltar, y entonces dije: “pues si no los suelta, no se puede creer en este tampoco”. Y no los soltó.

El hermano, desde su lecho, balbuceó una protesta contra los cambios anunciados y hasta ahí llegó la reforma. Se dejó pasar la oportunidad de que estos dirigentes arreglaran el circo en que han convertido a Cuba.

La historia les va a pasar la cuenta por irresponsables e incapaces. Su egolatría y afán de poder los han convertido de héroes en villanos decrépitos, su espíritu de lucha sólo da para protegerse a sí mismos por instinto.

Esta vez no voy a participar en ninguna reunión autorizada y organizada por los históricos. Desde aquí les estoy diciendo lo que necesitamos los cubanos: libertad. No más reflexiones, ni promesas, ni exigencias, ni amenazas, ni más planes irrealizables creados por las mismas personas de siempre, pero más viejas, y con el mismo socialismo de siempre, pero más desprestigiado.

El pueblo está cansado y descreído y el gobierno hace como que no se da cuenta de la situación. Silban para no oír los truenos. No es represión lo que necesitamos, sino diálogo sincero entre cubanos.

La democracia sí es posible en Cuba, no hay razón para temerle. La revolución que derrocó la tiranía de Fulgencio Batista en 1959 buscaba restituir las instituciones democráticas y los derechos civiles y políticos conculcados por el dictador. El error consistió en no trabajar desde el principio para recuperar las libertades ciudadanas, por el contrario, reprimir o hacer oídos sordos a cualquier crítica viniera de donde viniera, se convirtió en la norma, y el error se convirtió en horror.

Esa es la raíz de todos nuestros males, cero libertad de información, de expresión, de reunión, y de asociación. No elecciones, ni partidos políticos, ni la otrora brillantemente defendida tripartición de poderes. El que quiera puede releer ¨La Historia Me Absolverá¨, y comparar con la situación actual. ¿Qué se hizo, qué se dejó de hacer, por qué?

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