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EL FRACASO DEL PLAN ALIMENTARIO

Cabañas, Habana, octubre 1 de 2009 (PD) Los medios de propaganda oficial, que en Cuba sustituyen a los verdaderos medios de comunicación, han informado recientemente de cuantiosas pérdidas en las cosechas de arroz, plátanos y otros productos del agro producidos por cooperativas y propietarios individuales de tierras en usufructo. Esto es un índice de la ineficiencia gubernamental.

La entrega de tierras en usufructo que ha iniciado el general-presidente no constituye una solución real y seria al problema alimentario en Cuba ni al despliegue de las potencialidades del país. Solo persigue suplir la insolvencia estatal al reducir los gastos en la compra de alimentos en el exterior.

Dicha medida no potencia a los individuos ni a la nación para acercarse todo lo posible a la frontera de posibilidades de producción. Por ejemplo, los individuos raramente plantarán cedro, caoba, mamey u otros árboles de prolongado tiempo para dar frutos o ser útiles, en tierras que permanecen en sus manos a merced del capricho de un grupo que se sitúa por encima de la ley.

Los cultivos más complejos y delicados serán relegados por los de más fácil atención como es el plátano y algunas viandas. La obstrucción a la regulación del mercado por las leyes de oferta y demanda y el ajuste natural de los precios hacen de los pasos gubernamentales una parodia de solución económica.

El mercado libre es un fenómeno esencialmente democrático. Nada en él fue concebido a priori por teoría alguna. Primero fue la cosa en sí kantiana y solo después los intentos por penetrarla con abstracciones. Es de esos productos que no admiten adulteraciones.

El obstáculo principal para solucionar el problema de la óptima explotación de la tierra y la apropiada alimentación de la población cubana es la injerencia de las conveniencias políticas de un grupo situado por encima de los intereses de la nación y la ciudadanía.

La función de intermediarios de las entidades estatales en lugar de la de los agentes libres bajo las normas del mercado, provocará continuos desequilibrios como el referido al inicio de este trabajo y muchos otros que no se divulgan oficialmente.

La propiedad de bienes que solo se valorizan en tanto que sirven al bien común, como es el caso de la tierra, requieren de poder disponer libremente de ellos y sus frutos. En caso contrario, carece de sentido su tenencia. El no poder disponer de ellos en plena libertad anula la posibilidad de sacar el mayor fruto con igual esfuerzo. ¿De qué sirve entonces la posesión controlada?

El plan de entrega de tierras con fines de disminuir importaciones y el sueño de llegar a exportar sus excedentes, como lo desarrolla el gobierno cubano hasta ahora, es un crimen en el que se despilfarran el tiempo de vida, el sudor, la iniciativa creadora y la esperanza de mejor vida de los cubanos.

Estas políticas públicas limitadas en su alcance por intereses siempre parciales de grupo, constituyen una flagrante violación del derecho al desarrollo y a condiciones de vida adecuadas, reconocidas por la normativa internacional de derechos humanos. Como bien advirtió el Apóstol, “En política, aplazar no es nunca decidir”.

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