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“PERIODO ESPECIAL”

Luyanó, La Habana, 1 de octubre de 2009, (PD) Nadie menciona eso. En este momento puede definirse el “Período Especial” -científicamente hablando- como hipotética apología que gira en torno al celeste campo gravitatorio del Comandante en Jefe.

Por demás, su lectura político-económica es complicada; tanto que solo el Comandante, con poderes de jefe espiritual, entra en contacto con él. Inclusive, en las altas esferas del gobierno (allí donde la densidad ministerial logra un estado físico al vacío) cuesta caro señalarlo sin son ni ton. Para el Departamento Ideológico del Comité Central, simboliza sublimidad.

Para los infortunados (los cubanos de a pie) la ridiculez es tanta que desconcertados intentan adivinar si por fin pasó o permanecen aún en período espacial, digo...especial. Y si hay culpables, no son otros los irresponsables que ellos dos: el agrio pan nuestro de ocho onzas por día para cada cubano y las jabitas plásticas requeteusadas, lavadas y tendidas al sol.

El “Periodo Especial” fue un plan de contingencia, con un eufemístico nombre, para enfrentar la cruenta crisis tras la destrucción del campo comunista en Europa.
Con vista al inminente veinte aniversario (del período que cuando suena nada especial trae y de haber traído rostro humano, ya estaría en condiciones de engendrar perioditos) debía dedicarse el Concierto por la Paz en todas las Plazas Cínicas provinciales y municipales, dándole ¡Vivas! o ¡Abajo! de una vez y por todas.

¿Quien no sabe que lo que gravita en torno al cuerpo del Comandante genera una fuerte y peligrosa radiación? O mejor dicho, se sabe, pero solo en dos lugares: en Cuba y en el extranjero.

Pero saber a ciencia cierta la periódica especialidad de las casi dos décadas últimas estampadas aquí compete únicamente a los cubanos expuestos todo el tiempo al calentamiento insular y a los agujeros, no los agujeros negros en el espacio, los agujeros en los techos de sus casas, en las cámaras de sus bicicletas, en las suelas de sus zapatos, en sus bolsillos y en las almas en penas que flotan, extraviadas de sus cuerpos, por las aguas tropicales del Estrecho de la Florida.


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