EL ESCRITOR ERNESTO GUEVARA
- Por Luis Cino
- Publicado 8/10/2009
En cierta ocasión, tiró al cesto de la basura de la embajada cubana en Argel un libro de Virgilio Piñera. No podía perdonar que uno de los más grandes autores cubanos fuera homosexual. No exageraba Piñera cuando en junio de 1961, en la Biblioteca Nacional confesó ante Fidel Castro y los intimidados intelectuales reunidos, que sentía miedo.
Guevara pudo haber escrito la historia de la revolución cubana. De hecho, fue de los primeros en intentarlo. No le faltaban talento ni vocación. Era un hombre de muchas vocaciones, pero la violencia revolucionaria no le dejó tiempo para desarrollarlas.
No obstante, “Pasajes de la guerra revolucionaria” fue un buen intento de iniciar la escritura de la historia de la insurrección castrista, de la Sierra Maestra a Santa Clara. Distinta fue la suerte que corrió cuando quiso plasmar su pensamiento militar en un libro. “La guerra de guerrillas” es un confuso y difuso manual de táctica y estrategia. Años después, para esclarecer la teoría del foco guerrillero se precisó del auxilio de la pluma del francés Regis Debray.

El propio Debray reconocería luego de la publicación de ¿Revolución en la revolución? el fracaso de sus teorizaciones sobre el foco guerrillero. La carnicería de las guerrillas guevaristas en Latinoamérica en los años 60 y 70 y la consecuente represión de las dictaduras militares de extrema derecha fueron el fin del delirio armado.
No era tarea fácil teorizar sobre hechos fortuitos y casi providenciales. La insurrección castrista, con desastres como el ataque al cuartel Moncada y el desembarco del yate Granma, pudieran ser dramáticos ejemplos de lo que nunca debe hacer un movimiento guerrillero si es que, por atípico que sea, no aspira al suicidio. No todas las guerrillas tienen la suerte de enfrentar una tropa poco profesional, corrupta y desmoralizada como el ejército del dictador Batista. Los desastres guerrilleros de Ché Guevara en el Congo y Bolivia lo demostraron trágicamente.
Tampoco Che Guevara concretó con claridad su pensamiento social y económico. “El socialismo y el hombre en Cuba” asusta por su desmesurado idealismo estatalista y suprahumano. En cuanto a la economía, todavía una legión de economistas trata infructuosamente de vertebrar sus conceptos ambiguos y contradictorios en un cuerpo de ideas prácticas y coherentes aplicables a la situación cubana.
Che Guevara nos ahorró el espanto al no escribir sobre su tiempo de ejecutor del terror revolucionario en la fortaleza de La Cabaña en los primeros meses de 1959. Aterra imaginar como hubiera sido su narrativa. “El cachorro asesinado” es un cuento perfecto, pero duro y cruel, de cierto modo emparentado con el llamado a los combatientes revolucionarios a convertirse en frías máquinas de matar”.