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OPOSICIÓN POLÍTICA Y PROGRAMAS DEMOCRÁTICOS

El Vedado, La Habana, 8 de octubre de 2009, (PD) Dos cuestiones preocupan a los partidarios del cambio en Cuba: una, los dimes y diretes en que se enzarzan de vez en cuando algunos líderes opositores, y la otra, la necesidad de un programa social, político y económico alternativo a la carencia de programas por parte del régimen.

Lo primero será resuelto cuando los dirigentes de la oposición dejen definitivamente a un lado el vedetismo político que los aqueja. Esta actitud no es nueva en nuestra patria, es el mismo caudillismo que ha estado presente en todas nuestras luchas libertarias. De nada serviría que al fin nos libráramos de un dictador y cayéramos en las manos de otro. Esto provoca recelos y hasta la declarada aversión de potenciales simpatizantes de la causa que observan alarmados el fraternal descuartizamiento.

La otra cuestión, el programa que permita llevar adelante los cambios sin caer en improvisaciones ni caprichos, ya existe. La principal afición de los cubanos no es el béisbol, sino elaborar proyectos de todo tipo para acabar “con esto” y construir algo mejor.

El Proyecto Varela, promovido por el ingeniero Oswaldo Payá Sardiñas, constituye uno de ellos. Aunque algunos lo consideran obsoleto después de la jugada sucia con que se pretendió enterrarlo, mantiene su vigencia, dado que los cambios introducidos en la Constitución no afectan la posibilidad de llevarlo a referéndum, ya que ninguna de las propuestas ha sido satisfecha. Estas son las siguientes:

1. Libertad de expresión y de prensa;
2. Libertad de asociación;
3. Amnistía para los presos políticos que no hayan atentado contra la vida de otras personas;
4. Libertad económica
5. Nueva ley electoral y elecciones libres.

Claro está que un proyecto como este sólo se dirige a solucionar los asuntos más perentorios y crear la confianza y el ambiente propicio para el diálogo y la reconciliación nacional mientras estimula las fuerzas productivas.

Ahora, aunque parezca una broma, les presento una segunda posibilidad de proyecto de cambio, el llamado “Programa del Moncada”. Este programa, resumido en cinco leyes (de las cuales sólo tomamos las tres primeras) y ocho puntos, está aún por cumplirse, con excepción de la quinta ley, referida a la confiscación de bienes.

Primera ley: devolución de la soberanía al pueblo y proclamación de la Constitución de 1940 como la verdadera ley suprema del Estado;

Segunda ley: concesión de la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los colonos, sub colonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías de tierra;

Tercera ley: otorgamiento a los obreros y empleados del derecho a participar del 30% de las utilidades en todas las grandes empresas industriales, mercantiles y mineras, incluyendo centrales azucareros.

Debido a los profundos cambios sufridos en nuestra sociedad y el resto del mundo durante este medio siglo, estas leyes requerirían ser adecuadas. Los ocho problemas a resolver según este mismo programa, son tarea pendiente: los problemas de la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación, la salud y la conquista de las libertades públicas y la democracia política.

Una vez en el poder, Fidel Castro se olvidó del programa con que engatusó a los cubanos. La situación actual es la misma o peor que en aquella época, principalmente en cuanto se refiere a las libertades públicas y la democracia política.

Este proyecto podría ser el escogido por los nostálgicos del sueño revolucionario que así le darían un puntapié al frustrado “proyecto socialista” sin tener demasiados remordimientos.

Sea el que sea, todos los programas de los diferentes partidos políticos opositores coinciden en lo siguiente:
-Libertad para los presos políticos y de conciencia;
-Respeto de los derechos y beneficios adquiridos por la ciudadanía durante los últimos 50 años;
-Mejoramiento en calidad y cantidad de los citados beneficios;
-Libertad de expresión, de asociación, de reunión y de información;
-Libertad para elegir a los gobernantes y participar en la vida política del país, y
-Libertad económica.

En pocas palabras, democracia y economía de mercado cumpliendo con lo establecido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Cuba es firmante de estos documentos, pero el régimen no se decide a ratificar los Pactos por ser contrarios a los intereses de la dictadura. Corresponde a la oposición democrática divulgar sus programas y aunar fuerzas.

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