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CÁLCULOS ERRADOS

Habana Vieja, La Habana, 8 de octubre de 2009, (PD) Sobre la pista del concierto Paz sin Fronteras, la alta dirigencia cubana pisa el acelerador de su vieja maquinaria propagandística.

A golpe de canciones, mensajes directos y subliminales llamando a un cambio y hasta menciones de cantautores cubanos como los Aldeanos y Silvito El Libre, marginados por los textos críticos de muchos de sus temas, Juanes y su comitiva anotaron varios goles en la principal portería del poder absoluto: la Plaza de la Revolución.

Los barrios de la capital se vaciaron. Jóvenes y adultos querían experimentar otras emociones, buscaban un momento de satisfacción en medio de sus agonías cotidianas. Por primera vez no cumplían una orden de la Unión de Jóvenes Comunistas, la Federación Estudiantil Universitaria, los Comités de Defensa de la Revolución y demás instituciones creadas para contribuir a los propósitos de la élite de poder. Hasta allí fueron por su propia voluntad a descargar tensiones, a liberar su espíritu de temores y desesperanzas.

La cúpula supuso que ganaría réditos políticos a partir de la aceptación del concierto, pero los cálculos volvieron a fallar. Ya se sabe que las pifias, no se circunscriben solo a empresas, fábricas y entidades de servicio.

Esto podría ser solo el comienzo de una serie de gazapos, como parte del agotamiento de un sistema con demasiados años en el poder. Sin Fidel Castro en el escenario, es lógico que vayan aumentando las contradicciones y fracasos a la hora de definir las tácticas para prolongar el mandato de la misma élite de hace 50 años.

Él logró construir la nación a su imagen y semejanza. Querer darle continuidad a sus propósitos con simples retoques, es decir dándole seguimiento a las políticas de siempre, sería enfrentarse a la posibilidad de mayores descalabros.

Raúl no puede, aunque lo intente, suplir el vacío dejado por su hermano. Aparte de la vejez, no cuenta con la personalidad y el carisma suficientes como para enfrentar los desafíos presentes y los que irán apareciendo.

Con la actuación de Juanes y sus acompañantes, quedó demostrada la vulnerabilidad de una revolución que ellos mismos han convertido en una suma de catástrofes.

El blindaje ideológico se melló con la canción “it´s time to change” interpretada por Juanes y Miguel Bosé; con la contagiosa música y las salutaciones a Dios de la puertorriqueña Olga Tañón, entre otras acciones aparentemente simples, pero que rompen de alguna de manera el orden preestablecido del discurso oficial, estrechamente vinculado al hermetismo y a la pureza ideológica de un partido que funciona al amparo de la teoría marxista-leninista.

Aunque nunca exista la aceptación de la derrota, el poder desarrolla una contraofensiva en el terreno de las relaciones públicas con tal de borrar los puntos negativos.
Para reparar la maltrecha imagen del raulismo y darle nuevos visos de legitimidad, los estrategas han decidido cursar una serie de invitaciones a Presidentes y Primeros Ministros y funcionarios de alto rango, fundamentalmente de países del Tercer Mundo.
Personalidades van y vienen, en un desfile interminable.


Al fondo de esas pantomimas, hay inseguridad y temor. Ellos, los autodesignados dueños de Cuba, saben que su tiempo se acaba y que la arrogancia y el voluntarismo son herramientas obsoletas para detener o cambiar el curso de la historia.

Antes de concluir, creo justo señalar que a los modestos aportes del concierto Paz sin Fronteras, se añaden los pasos dados por la administración Obama en el sentido de ir quitándole credibilidad al discurso confrontacional del régimen cubano.

Las medidas de discreto acercamiento por parte Estados Unidos, seguramente no son del agrado del sector más ortodoxo de la gerontocracia, negado a que le quiten el baluarte principal de su doctrina de plaza sitiada.

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