Primavera Digital

Buscar

Búsqueda avanzada

UN AMARGO DESPERTAR

Boyeros, La Habana, 15 de octubre de 2009, (PD) Acaba de concluir en Italia una nueva edición de las Copas del Mundo de Béisbol. Como ya se hace costumbre desde el año 2006, la selección cubana fracasó en su propósito de reeditar las glorias pasadas, aquella época que los aficionados especialistas y dirigentes se empeñan en recordar cuando los poderosos equipos nacionales ganaron veinticinco campeonatos mundiales. En una ocasión, un joven aficionado calificó en mi presencia como “la pelota de mentira”, puesto que ningún deporte conoce de tan exclusiva y dilatada hegemonía.

Sin embargo, muy a pesar de que a partir del segundo lugar obtenido en el Primer Clásico Mundial de Béisbol (marzo 2006) las selecciones cubanas de todas las categorías —infantiles, cadetes, juveniles, universitarios y mayores— han eslabonado una extensa cadena de derrotas, de la ostensible disminución de la calidad deportiva que exhibe el pasatiempos nacional a todos los niveles y el éxodo continuo de atletas consagrados y bisoños que por diferentes vías escapan en busca de éxito y realización personal en otras latitudes y escenarios, ante cada nuevo compromiso internacional, en Cuba se renuevan las esperanzas de reverdecer laureles en el terreno de competencias.

Ante la nueva derrota, una vez más frente a un equipo norteamericano, dirigido en este caso por un cubano, para más traumas, cunde la frustración y las desilusiones. Casi todos los comentarios se refieren a las lagunas y deficiencias de la actual selección nacional y los posibles errores de la dirección técnica.

Sin embargo, está por comenzar una nueva edición de la Serie Nacional de Béisbol que en opinión de este redactor, con su creciente aislamiento y debilidad, constituye la fuente principal de la recurrente incapacidad de los seleccionados tricolor para recuperar la efectividad y hegemonía perdida en la arena internacional

Al igual que reparamos en el hecho de que ningún proyecto cultural de excelencia y alcance universal en la actualidad está compuesto por artistas de un solo país
—imagínense a la Scala de Milán, el Metropolitan Opera House o el mismísimo The Royal Ballet integrados solo por italianos, norteamericanos e ingleses respectivamente—, ningún país que pretenda mantener un deporte con calidad y resultados de nivel mundial puede auto enajenarse del necesario fogueo y desarrollo globales.

En los eventos internacionales de mayor envergadura vemos como evolucionan constantemente los seleccionados de los países de menos tradición, que en la confrontación de las principales ligas ganan el oficio, la experiencia y la maestría que les permite incluso tener actuaciones decorosas ante representativos de mayor tradición. Baste el ejemplo del cambio de parámetros técnicos para algunos aspectos de la decisión arbitral ocurrida en el béisbol internacional y las dificultades en que se ven envueltos los peloteros cubanos por mantenernos aferrados a las superadas prácticas. Imaginen los amantes del football que cambien los referentes de evaluación del fuera de juego (out side) y que un país pretenda obtener resultados en la arena internacional manteniendo las antiguas practicas.

Caso contrario y probatorio de la grave repercusión del autoimpuesto aislamiento es Venezuela con la evolución lograda por sus deportes colectivos (voleibol, fútbol, baloncesto) gracias al andar seguro de sus atletas en los circuitos internacionales mientras que los representativos cubanos prácticamente han desaparecido de los podios que otrora ocuparon y en algunos casos de los escenarios mundiales.

Otro gran problema es la calidad del torneo nacional al punto que lo que ha sido por mucho tiempo el principal espectáculo nacional muestra gran desbalance y el muy triste espectáculo de los estadios vacíos.

Los Estados Unidos cuentan con casi trescientos millones de habitantes y el concurso de los mejores peloteros del mundo para animar un béisbol élite compuesto por una treintena de equipos. Por su parte, las principales ligas futbolísticas del planeta (Inglaterra, España, Italia, Alemania, Francia, México y Brasil), a pesar de contar con varias veces la población de Cuba, los mejores jugadores y gran respaldo comercial y financiero, están compuestas por una veintena de conjuntos cada una, lo que contrasta con los diez y seis de la Serie Nacional de Béisbol que por demás, no cuenta con respaldo y promoción comercial, en un país con franca disminución demográfica, enormes dificultades económicas, sin el concurso de atletas foráneos y aquejado por la estampida de talentos de todas las edades.

El béisbol cubano es victima también de un retrógrado fatalismo geográfico administrativo que amarra a los atletas a su lugar de nacimiento o residencia, lo cual afecta el desarrollo individual de los jugadores y la calidad misma de la liga. Basta solo una comparación de las nóminas de los equipos provinciales y nacionales de hace diez o quince años con lo que tenemos en la actualidad para apreciar la dimensión de las dificultades y retos que enfrenta el deporte nacional de cara al futuro.

El béisbol cubano exige inmediatos y profundos cambios estructurales y metodológicos entre los que se pueden enumerar: detener la exportación de técnicos y entrenadores que son necesarios en la preparación de los jugadores más jóvenes, establecimiento de un torneo elite con seis u ocho equipos como máximo, que garantice calidad e interés, activar mecanismos de respaldo comercial que contribuyan a mejorar el espectáculo y las condiciones económicas de los atletas, establecimiento de ligas y divisiones inferiores donde puedan desarrollarse los jugadores más bisoños, a lo que se agrega la contratación temporal de los mejores peloteros en ligas foráneas —México, Japón, Corea por ejemplo— que les garanticen el tan necesario roce y fogueo competitivo.

Todos los amantes del béisbol en Cuba, para los cuales el centenario y complejo deporte es pasión más que afición, deseamos volver a disfrutar de victorias y mejores actuaciones en la arena internacional, pero eso solo podrá volver a lograrse si las autoridades cubanas renuncian al absurdo y caprichoso monopolio que ha convertido a los atletas en prisioneros o fugitivos y a los éxitos en recuerdo de un pasado cada vez más lejano.

Comentarios




Enviar comentarios:
Nombre* *: Correo-e (privado) *: Sitio:
Por favor escriba en la casilla de más abajo los caracteres del Código de seguridad. De este modo nos ayudará a prevenir envios automáticos involuntarios.
Còdigo de seguridad: img


No se encontraron autores más leidos.
No se encontraron articulos más leidos.