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PLÁTICAS DE MI BARRIO

Mantilla, La Habana, 22 de octubre de 2009, (Fundación por la Libertad de Expresión-PD) De lo divino a lo humano y viceversa tratan los temas de las conversaciones en mi barrio. Si pretendemos establecer un orden en los temas, debemos comenzar por los productos comestibles que venden en la bodega y esos, generalmente, son escasos.

Así que todo se resume con una sola frase: “Caballero ¿y cuándo pensarán dar… el picadillo de soya?”

Evidentemente, el segundo tema en boca de casi todos en el barrio es el de la falta de dinero: “Compadre, el negocio está caído, no hay un varo (1)… y ¡todo está tan caro!

Sonia, una vecina, guarda reposo por enfermedad y espera que aumente la producción de leche para ahorrarse los 50 pesos que le cuesta cada bolsa de leche en polvo que compra mensualmente en el mercado negro –que es lo mismo que la casa de Victoria, la que vende de todo- para el desayuno de su hijo de nueve años.

La distribución de leche en Cuba está racionada y corresponde una cuota hasta los siete años; al cumplir esa edad el niño cesa de recibir leche de vaca.

Pero Octavio, el vecino de al lado, se burla de las esperanzas de Sonia, diciéndole que eran verdes y se las comió una chiva. Él afirma ser hijo de Santo Tomás, por tanto, ver para creer.

En todas las casas del barrio se habla de lo mismo, de la comida, del dinero que no alcanza para sufragar los gastos crecientes, del calor, de lo que vende el otro de más allá, del pariente de Cachita que vino de “allá” y ¿qué fue lo que trajo? Estos son los temas principales de las conversaciones matinales.

En horas vespertinas, el momento en que el calor intenso del mediodía cedió un poco el paso al mínimo frescor que dejó el chubasco de las cinco y media, bueno, también las conversaciones bajan la temperatura.

Esta es la hora de tocar en casa de Teresa, la que alquila revistas Hola, TV y Novelas, Semana, Vanidades, escoger una, sentarse en el portal y meterse en el vestido de Pronovias que anuncian en Vanidades o leer el reportaje de la boda del último príncipe soltero que Sonia hubiera deseado para ella, como si su madre le volviera a contar la historia de Cenicienta, mientras el hijo de nueve años juega a la pelota con los demás fiñes de la cuadra frente a la casa.

Justo es la hora en que Pablo se sienta en el quicio de su portal y mira a Sonia leer la revista, entonces llama a sus dos socios curdas (2) y los convida al trago vespertino antes del baño.

Sus temas son diferentes, la pelota, la copa mundial, una vecina de la otra cuadra que encontró por el Vedado en un tiro rarísimo, y lo duro que está el trabajo porque ya allí no se puede resolver casi nada… cuáles películas de video nuevas tiene Bebo, el de la otra cuadra…y ¡compadre, qué otra cosa voy a hacer a esta hora si no es darme un trago, no hay más ná!

Y de esta forma pasan las horas que preceden a la entrada de la noche, marcadas por las llamadas de ¡Fulanito, ven a comer que ya te serví la comida! Para luego, sentarse frente al televisor y esperar la novela brasileña o la emisión del humorístico donde aludirán efectivamente a lo mismo que estoy viviendo.

Precisamente ahora, usted me pedirá explicarle qué más se dice. Como respuesta nada más le diré que la vida sigue igual. Van y vienen las promesas de… ¡ahora sí compañeros vamos a resolverlo todo”, pero nada cambia y la vidita se estira como los chicles que vende Juana, la viejita del doblar de la esquina, desde por la mañana con su cajita de zapatos llena de caramelos y chicles a peso sobre el regazo. Esta es la realidad, quizás sea, lo que algunos llaman inmovilismo del país, pero mientras, las gentes siguen hablando y hablando, el tiempo pasa.



(1) varo: un peso, el dinero, la moneda en argot callejero
(2) curda: vocablo del argot callejero, consumidor inmoderado de bebidas alcohólicas

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