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SOLIDARIDAD COMUNISTA

Santa Fe, La Habana, (PD) Cuando los comunistas odian parece como si el cielo no pudiera servir de techo a los humanos, como si el sol se convirtiera en una gigantesca hoz colgada de una nube, como si la vida misma fuera la prolongación de una muerte lenta y terrible.

Así seguramente pensaba Leon Trotski, líder de la Revolución de 1905 en la Rusia zarista, cuando al saludar cada mañana a su esposa Natalia, exclamaba: ¨ Hoy tampoco Stalin nos ha asesinado ¨.

El odio visceral más encarnizado y cruel que se recuerda en la historia contemporánea es el que sintió José Stalin por su gran rival, Leon Trotski, quien fuera víctima de una docena de atentados, todos dirigidos por el líder soviético, inspirador todavía de movimientos de izquierda.

Stalin eliminó de distintas maneras no solo a los hijos de Trotski, localizados en distintos países en hospitales y casas apartadas y anónimas, sino también a sus amigos y secretarios.

Este odio se debió, por supuesto, a las facultades intelectuales del viejo comunista, a sus dotes de orador y a los artículos que escribía. Había sido Trostki, y no Stalin, quien dio origen a la idea de laRevolución Permanente, el artífice del golpe de estado llevado a cabo en noviembre de 1917 de manera estratégica para la toma del poder en Rusia y por último, el creador y jefe máximo del Ejército Rojo.

Desterrado Trostki por orden del líder soviético, se refugió en varios países hasta radicarse en México en 1938, un año antes de establecerse un pacto entre Hitler y Stalin. Fue en su casa de Coyoacán, el 21 de agosto de 1940, donde Leon Trotski fue asesinado a manos de Ramón del Río Mercader, un español quelogró penetrar el reducido círculo de amistades del viejo luchador, a pesar de la desconfianza que le inspiraba.

Se trata, sin duda, de una las muchas historias tenebrosas del comunismo del siglo XX. Entre sus personajes más importantes, galardonados con la Orden de Lenin, otorgada en el Kremlin, no sólo estuvo Ramón del Río Mercader, sino también su madre, una cubana llamada Caridad Mercader, vieja agente del espionaje estalinista y autora intelectual del horrendo y cruel crimen.

Mientras la señora Mercader, enferma de culpas, utilizara inútilmente jugosas sumas de dinero -proporcionadas por Stalin en pago a sus buenos servicios - para sacar de la prisión a su hijo, condenado a veinte años de cárcel, los principales líderes trotskistas del mundo lograron mantener en su celda a Ramón del Río Mercader, hasta el último día de su condena.

Cuando el asesino vio la libertad, en 1960, a la edad de 46 años, viajó de inmediato a la ex Unión Soviética, donde recibió, en el mismo Kremlin, la orden de La Estrella Roja, otorgada a los héroes de la patria. Meses después se trasladó a Cuba, el lugar más seguro que pudo haber escogido. Aquí vivió durante años y murió, gracias a la solidaridad del régimen castrista, sin que nadie lo molestara, sin escuchar jamás que alguien lo llamara ¡asesino¡

vlamagre@yahoo.com


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