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EN BUSCA DEL BUEN JUICIO PERDIDO

Miami, Florida, 5 de noviembre de 2009, (PD) Entre la mala educación reinante, la televisión y el ruido que pasa como música (mami dame la gasolina que yo quiero más gasolina, vaya, mami, que a mí me gusta la gasolina), el legado de las telenovelas y el periodismo de la televisión, el radio y un carajal de periódicos (ya es común escribir como se habla), se intenta darle garrote a la escritura.

Periodistas, poetas, narradores, libretistas redactan como se les viene en gana, justificándose con cualquier burrada. Los gazapos de los periódicos, de los reporteros radiales y los presentadores de televisión importan un comino; el corrector de estilo es un personaje antediluviano, y al que se aventura a ser caritativo con la lengua lo bombardean con toneladas de improperios.

Gato, perro, chivo, lapicero, minero, sancocho, cubano, colombiano. Todo se escribe con mayúsculas. Admiración e interrogación ya no se abren. Dentro de un rato tampoco se cerrarán. Florida no es Florida, sino La Florida. Ni Perú es como suena. Meses, días de la semana, estaciones del año también sufren de gigantismo y métale una mayúscula al comienzo de la palabra: Junio, por junio, Invierno por invierno, Miércoles por miércoles. Y a la hora de abrir y cerrar paréntesis, cuando se deciden a utilizar el signo, el disparate se desencadena. Verbos, adverbios, preposiciones, conjunciones se intercambian para patrocinar un arroz con mango que sabe a marañón. Cito a uno de los más grandes creadores de las letras universales contemporáneas:

La historia de la literatura y el periodismo hispanoamericanos es un ejemplo de cómo la creatividad y el ceñirse a las normas no están a garrotazos.  Las novelas, cuentos, ensayos de los maestros no violan los códigos. Los reafirman, porque los conocen. La ignorancia, aunque atrevida, no puede justificar el mal gusto. Ni la mediocridad cobrarle tributos al talento.

La otra historia que se repite como el capítulo de un culebrón es la de las nuevas tecnologías. Se afirma que ya no se escribe igual que antes. Pero, ¿qué es antes? ¿Veinte años? ¿Treinta? ¿Cuarenta? ¿Cien? Y regresamos al vicio de lo obvio. Es claro que nadie escribe como el Arcipreste.

Se induce a pensar que el computador nos ordena y redacta los pensamientos. El bienestar que la máquina produce consiste en que se rectifica, se cambia, se agrega, se borra cuando surgen las inevitables equivocaciones. Y si estoy afiliado a Internet puedo saber, sin moverme de casa, de qué color eran los calzoncillos de Napoleón en Waterloo e introducir el dato en la película que Emilio prepara sobre Francia después de Robespierre.

Desafortunadamente, no se escribe mejor ni peor con la PC.

Las poses rayan en lo snob, y no en una armónica del universo (hombre, existencia, cosmos). Lo que importa es el eterno retorno a la última moda impuesta por Dior o Margarito Cefalú: calzoncillos a cuadros, farándula, el despecho cantado; el mal gusto inglés galopando como una jiribilla sobre nuestra maltratada conciencia.

Un amigo estudiante me visitó hace un año. Venía a buscar libros, a que le diera algunas claves referidas a la tesis que preparaba sobre Posmodernidad. Le pregunté:

- ¿Qué quiere probar?

-Que la Modernidad, el Siglo de las Luces, la duda cartesiana, la Revolución Francesa, son pura paja.

-¿Cómo?

- Eso mismo, eso mismo.

- Me parece bien su proyecto. Pero, ¿ya estudió a fondo a Juan Jacobo, a Descartes, a Voltaire, a Diderot, al Doctor Invencible?

Le mencioné a otros guaracheros del pensamiento, y se quedó mirándome con cara de neo-bobo. Por fin atinó a replicar con otra pregunta.

-¿Doctor Invisible? ¿Jacobo? ¿Juan? ¿Y esos quiénes son?

Así no es posible construir nada, y menos cuando se quiere acabar con el idioma, hablado y escrito. Que pregunten a los comentaristas deportivos, las impositivas presentadoras de televisión y a los meteorólogos. Mientras peor se hable la escritura seguirá descremándose.

Si no se recobra el buen juicio entraremos de cabeza al laberinto de las regresiones. Y el viejo Nietzsche no va a venir a rescatarnos porque ya no quiere retornar. En todo caso nos sacará la lengua por haber sido tan extravagantes.

primaveradigital@gmail.com

 


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