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RELIGIOSIDAD Y BOTÁNICA

Mantilla, La Habana, 5 de noviembre de 2009, (PD-Fundación por la Libertad de Expresión) Religión y botánica se unen en Cuba con los aportes del negro a la cultura del país.

Los africanos llegados como esclavos a la mayor isla del Caribe trajeron consigo también sus conocimientos de la Naturaleza. El más valioso de ellos entre otros, fue la sabiduría del empleo de las propiedades medicinales de las plantas.

Guardada en lo mejor de sus tradiciones orales en forma de patakínes (cuentos didácticos –filosóficos de transmisión oral arropados de religiosidad), la sabiduría sobre las plantas medicinales y sus propiedades benéficas propició que se creara un espacio de conocimiento en laconciencia colectiva de los cubanos.

Los colonizadores españoles atenazados por la Inquisición y las consecuencias de la Reconquista habían perdido la mayor parte del caudal de conocimientos de medicina natural que los árabes y los judíos tenían como legado cultural de las comunidades del norte africano.

Al encontrarse en una tierra y un clima tropical como los de la isla de Cuba, ellos sufrieron padecimientos que no conocían. “Las fiebres” se llamó a los continuos estados febriles que atacaron y produjeron la muerte a miles de colonizadores. Combinadas con las parasitosis tropicales, desconocidas además, minaron lo que hoy se denomina el sistema inmunitario.

Cuenta la religión de tradición yoruba, conocida como Regla de Ocha o Santería, con uno de los orishas o dioses principales nombrado Osaín, quien está ligado directamente con el complejo de conocimientos relacionado con la flora y las particularidades medicinales de las plantas.

Osaín es el orisha de la Naturaleza, es su dueño. Posee y conoce todas las hierbas y las plantas que encierran en su savia poderes mágico-curativos. Por ende, es la deidad de la farmacopea. Su color es el verde. Su día, el viernes. El receptáculo, una güira que lleva tierra de las cuatro esquinas, de bibijagüero y de la casa, polvo de todos los palos duros, de cabeza de gallo, codorniz, jicotea, pájaros que hablen y tojosa. Asimismo, limalla de hierro, precipitado, azogue, cuatro anzuelos, bibijaguas, monedas de plata, oro, agua de río, pozo, manantial, mar, arroyuelo. Si el Osaín es de Yemayá lleva también plumas de gallo y piedras de mar. Como ofrenda admite chivo, jicotea y gallo.

Por ejemplo, de Elegguá son la artemisa, el chichicate y el mastuerzo. De Orula son el álamo, el ateje, la salvia. Cada orisha respectivamente tiene sus hierbas, muchas de ellas medicinales y sanadoras.

En la Regla de Ocha existe la figura del osainista, especialista en las hierbas y en el conocimiento del “monte”, es decir, la hierba que lleva cada orisha en sus ceremonias, iniciaciones de creyentes e invocaciones. Evidentemente, él tiene que conocer las propiedades curativas y las características relacionadas con su empleo.

Cada orisha tiene sus hierbas y sus palos propios, su “ewe”. Para ir al monte y recoger lo necesario para las ceremonias y trabajos posteriores, se debe ir “limpio”, que significa estaren abstinencia sexual por lo menos la noche anterior. Debe salir por la mañana y sin hablar con nadie, ir al bosque, donde dejarán una ofrenda de dinero a Osaín y a Orisha-Oko, deidad que posee la tierra, antes de efectuar la recogida.

De esta manera, van ligadas religión y medicina natural en ese complejo religioso de procedencia africana tan rico como poco estudiado aún.

garvecu@yahoo.com


Yerbero vendiendo en la calle
Foto: Marcelo López


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