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CAMILO Y FIDEL

Santa Fe, La Habana, octubre 29 de 2009 (PD) Hace unos días conocí casualmente a los hermanos Camilo y Fidel. El primero nació justamente por los días que el guerrillero de la Sierra Maestra, el Comandante Camilo Cienfuegos, se perdió para siempre en una avioneta cerca de las costas de Cuba. Al menor le pusieron Fidel unos meses después.

En nada se parecen estos hermanos, pero entre Camilo y Fidel no se sabe cuál es el menos agraciado. Y además, son hasta cómicos. Servirían perfectamente para esos programas humorísticos de la televisión cubana donde presentan a personas bien feas para que, aunque sea por el semblante, inspiren risa.

Sin embargo, la vida de Camilo y de Fidel está plagada de tropiezos. Me contaron que por llevar esos dichosos nombres, han tenido serios problemas con la justicia. Por ejemplo, en la estación de policía de Cajobabo, en la zona más oriental de Cuba, estando acusados de robarse unos mangos en una finca estatal, un capitán los llamó faltos de respeto cuando les preguntó cómo se llamaban y ambos hermanos respondieron al mismo tiempo: Camilo y Fidel.

Tampoco olvidan que de niños, allá en su tierra natal, Baracoa, cuando estudiaban en una escuelita del poblado de Yumurí, donde vivieron un tiempo con el padre, y desaprobaron aquel año el curso, una inspectora de Guantánamo se ocupó del caso. No entendía aquella buena señora que dos niños surgidos con la Revolución Cubana, llamados sobre todo Camilo y Fidel, por brutos, no hubieran podido cursar el cuarto grado ni siquiera a los 13 años de edad. La inspectora visitó al padre, le criticó que no se preocupara por los estudios de sus hijos, mucho más si llevaban ambos dos nombres tan gloriosos. El campesino, noble y sincero, como lo recuerdan sus hijos, le respondió: Yo se lo dije a mi mujer Evarista, que no le pusiera esos nombres que iban a tener problemas en la vida.

Pero el problema mayor lo tuvieron hace poco en la calle Obispo y Bernaza, en la Habana Vieja, cuando un policía les pidió sus carneses y al descubrir que eran de Baracoa, los llevó presos para la Unidad. Allí les comunicaron que serían deportados para su provincia. Viéndose perdidos, los hermanos protestaron todo lo que pudieron. Incluso Fidel preguntó por qué Fidel, el otro, podía vivir en La Habana y él no.

Me dice una vecina, amiga de ellos, que contra su voluntad, Camilo y Fidel volvieron a sus labores del campo en Baracoa, pero que ella sabe que pronto van a intentar de nuevo dar el difícil salto hasta La Habana y luego dar el mayor de todos: hacia La Florida.
vlamagre@yahoo.com


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