SUBVENCIÓN SIEMPRE CON TRANSPARENCIA
- Por Juan Carlos Linares Balmaseda
- Publicado 5/11/2009
Luyanó, La Habana, 5 de noviembre de 2009, (PD) Sin la subvención de gobiernos democráticos y organizaciones no-gubernamentales, todo sería mucho peor para nuestra incipiente sociedad civil. El régimen sería menos tolerante con los ciudadanos que promueven la democracia y amparados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, difunden la magnitud de las violaciones que ocurren a diario en el país. También sería mayor la incertidumbre y agonía para los reos y sus familiares. Habría menor caudal de información para la población en general y una mayor incomunicación de los cubanos con el mundo…
Muchos cubanos de la isla deben su desarrollo cultural e intelectual a la subvención exterior. Este aporte se traduce en salas gratuitas de acceso a Internet, libros, impresión de documentos, cursos de idioma y de periodismo, tele-conferencias, videos, computadoras, cámaras de video y foto, teléfonos celulares, etc. Y también, ¿por qué negarlo?, representa el vital amparo monetario para los activistas a los que el régimen, mediante el aislamiento y el acoso laboral, les impide tener un empleo y trata de asfixiar por todos sus poderosos medios.
Más, pese a ello, todo no es maravilloso. Subvención y transparencia en las cuentas han de ir de la mano en la canalización de los recursos. Es decir, debe primar la claridad en el destino y uso de los donativos.
Los regímenes de tendencia totalitaria son expertos en subvencionar a sus incondicionales en cualquier parte del mundo. Utilizan métodos ocultos con fines subversivos y antidemocráticos. Financian organizaciones y hasta gobiernos con ideologías afines y con vistas a intereses geopolíticos. Así desacreditan, subvierten y desestabilizan el orden institucional en naciones democráticas. Calificarlo de campaña sucia sería poco. De hecho, promueven la guerra solapada.
Para esa subvención totalitaria utilizan múltiples vías corruptas, al tiempo que difunden un complejo de culpa que hasta a veces cala muy hondo en aquellos que subvencionan campañas pro-democracia y de derechos humanos e incluso confunde a los activistas subvencionados. La fórmula más transparente para negarse a este plan de los regímenes enemigos de los derechos individuales es obrar con plena transparencia con los donativos recibidos.
La Internet es un medio excelente para implementar y dar a conocer la transparencia en las cuentas. Pero, ¿cuántos luchadores por la democracia y los derechos humanos en Cuba que reciben esa ayuda han implementado una página digital donde informen con el mayor detalle a dónde va a parar cada centavo o kilogramo de ayuda admitida y distribuida posteriormente? Y que conste que dejar las cuentas claras no significaría hacerlo con ingenuidad y poca discreción.
Sin embargo, abundan las evasivas para evitar ser transparentes. La más común es el miedo ante la palabra “subvención” de acuerdo a como el régimen totalitario la utiliza. Eso es aceptar una acepción distorsionadora de la realidad. Si decimos que aspiramos a una sociedad sin misterios, abierta al escrutinio público, ¿por qué no comenzar desde ahora?