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PONERLO PEOR

Lawton, La Habana, 19 de noviembre de 2009, (PD) Como una consecuencia del llamado periodo especial, desaparecieron los pequeños hoteles y moteles del amor fugaz en Cuba. Las llamadas posadas fueron templos tradicionales del amor temporal. En su momento, cumplieron una función social de inestimable valor. Desde el principio de la década de los 90 del pasado siglo XX, el gobierno decidió cerrarlos, sin aportar solución alternativa alguna.

De forma paralela, todos los caminos se cerraron. La frase de moda que se impuso fue y es: ‘no hay más na’. El país decidió fornicar. Una gozadera irresponsable alentada por la pérdida de todos los frenos morales y la absoluta falta de oportunidades y esperanzas, se entronizó. Desde ese instante y hasta hoy, Cuba copula.

Desde el clásico Malecón habanero hasta cada parque y cada plaza en que el alumbrado deficiente lo permite, la juventud hace el amor. Desde la literatura y más allá de sus veleidades de vedette política y agente de inteligencia al servicio de su ‘amigo’ Fidel Castro, Gabriel García Márquez nos regaló su delicioso ‘Amor en los tempos del cólera’. En peores condiciones, en Cuba, el invencible amor insiste en hacerse presente. Lo hace, aun en los peores tiempos de la ira y la intolerancia.

Fieles a una consigna que establece hacer peor cada momento de Cuba a los cubanos, el gobierno hace difícil cada evento de vida en la Isla. Interviene no para mejorar o crear mejores estaciones de vida, ellos se afanan para que si algo está mal, ponerlo peor.

Un parque, consagrado a la memoria del desaparecido comandante Camilo Cienfuegos, en la capitalina barriada de Lawton, devino en templo del amor emergente para jóvenes privados de mejores opciones. Todas las noches allí se hace el amor. La penumbra cómplice, producto de un alumbrado siempre deficiente facilita las cosas. Las pocas veces que se ha reparado el alumbrado público, los desconocidos de siempre, se las arreglan para sustraer las bombillas o simplemente, inutilizarlas.

El amor requiere intimidad y obtenerla en un parque, demanda penumbra. Para que no queden dudas, desde una de sus farolas ciegas, ondea un símbolo de íntima sensualidad. Proclama que incluso bajo las condiciones adversas de la era de Castro, la gente ama y jadea. A la sombra de Camilo, el coterráneo ausente de Lawton y en el parque erigido en su memoria, un sostén femenino talla 34 proclama la función ostensible del monumento.

Desde la eternidad y más allá de las traiciones, Camilo dice a sus jóvenes paisanos de Lawton: “Van bien muchachos, diviértanse. No se olviden de apagar la luz”.

1 Response to "PONERLO PEOR"

 
lorenzo
said this on 12 May 2010 8:44:17 PM EDT
Pobre juventud cubana sin experanzas. Lo único que queda es

templar hasta el cansacio. Es una forma de protesta. En fin,
es el único placer que aun no está racionado.




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