Leonardo Calvo Cárdenas
Historiador y politólogo. Miembro del Partido Arco Progresista. Representante en Cuba de la revista Islas, reside en Boyeros. La Habana. elical2004@yahoo.es
LA ETERNA CRISIS
- Por Leonardo Calvo Cárdenas
- Publicado 20/11/2009
Si tal desprecio por la realidad no tuviera tan graves implicaciones para la vida cotidiana del cubano común, movería a risa ver como los gobernantes de la isla se desembarazan con infantil facilidad de la responsabilidad que su dilatado poder absoluto les impone. No reparan en el hecho de que sus ciudadanos gozan de suficiente instrucción como para darse cuenta que son las atrofias estructurales del estatismo paternalista las que han lanzado sin remedio al país hacia un abismo de inmovilismo, miseria, desolación y desesperanza, que sin embargo es muy útil para garantizar el interés único y último de la envejecida y anquilosada casta gobernante, a saber, el control absoluto de toda la sociedad.
Al trasladar todas sus culpas y responsabilidades a los “factores externos”, la gerontocracia anticubana y nepotista y sus voceros pierden de vista, no sé si por causa de su senectud galopante, ingenuidad o cinismo, dos elementos esenciales para el análisis que nos ocupa: en primer lugar Cuba no participa de la economía mundial y por otra parte, nuestro país ha estado en crisis desde que el gobierno revolucionario se apoderó de los destinos de esta nación.
El único contacto real de Cuba con la economía internacional son las abultadas deudas comerciales y financieras que ha contraído a lo largo de estos años con los más disímiles acreedores internacionales, a los cuales se unen ahora varios socios e inversionistas extranjeros quienes en los últimos lustros han ayudado, con su aporte de capital, tecnología y mercado, a sostener algunos renglones de la economía nacional y a los que el gobierno cubano tampoco paga a pesar de los resultados obtenidos por sus empresas y proyectos productivos o comerciales.

Así, los capitalistas que llegaron de varios rincones del planeta a beneficiarse de las ventajas de un estado totalitario —mano de obra bien calificada, muy barata e indefensa— pagan el precio de hacer negocios con un poder que no respeta los derechos cívicos y económicos de sus propios ciudadanos.
Es tal el desprestigio económico de Cuba que la presidenta de Argentina pasó por la Isla en visita oficial y no se molestó en hacer siquiera un comentario sobre el monto de más de mil millones de dollares que por tres décadas el gobierno cubano adeuda al país austral.
El empecinamiento estatista de las autoridades cubanas garantiza el poder absoluto que tanto aman, pero a la vez ha agotado o maniatado las potencialidades económicas de la nación para convertir las penurias materiales en algo cotidiano y normal y hacer siempre desfavorable la balanza comercial del país.
La depreciación o atrofia de los renglones tradicionales de la economía nacional, los altos costos y los bajos niveles de excelencia que limitan los niveles de recepción e ingresos de la industria turística, así como la negativa oficial a liberalizar la economía nacional, colocan a nuestro país fuera de los circuitos globales de intercambio comercial y expansión económica. De hecho, Cuba no pertenece a ningún mecanismo global o regional de integración económica o financiera.
Por otra parte, la crisis y las carencias han sido el amargo pan de cada día para el pueblo cubano desde que el alto liderazgo revolucionario se apropió de todo el patrimonio económico nacional, agotó todas las capacidades de lo que fue una economía sólida y en expansión y contaminó la realidad cotidiana de ese férreo monopolio estatista y toda suerte de experimentos voluntaristas y fallidos. Ni siquiera los abultados subsidios financieros y comerciales otorgados durante varias décadas por la extinta Unión Soviética lograron diluir la tensión y precariedad permanente en que se ha debatido la vida nacional por cinco décadas.
La crisis en Cuba no es producto del impacto de las tensiones y coyunturas externas sino una crisis estructural y generalizada que impide la creación de riquezas y el aprovechamiento del talento y los conocimientos de los ciudadanos. Dicha crisis no tendrá solución en los marcos de un sistema cuyo último y único recurso es exportar esa fuerza técnica y especializada que debía jugar un papel determinante en el renacimiento de la economía nacional en condiciones de apertura y libertad.
A todas luces, los gobernantes cubanos son tan incapaces de generar desarrollo como de asumir sus responsabilidades y enfrentar las consecuencias de la apertura que tanto necesitamos, por lo que es fácil predecir que la actual crisis global pasará, en más o menos tiempo, a ser recuerdo del pasado y los jerarcas cubanos volverán a buscar, y de seguro a encontrar, nuevos culpables para sus carencias y retrasos.