A HEYSER NO LO PERDONAN
- Por Tania Díaz Castro
- Publicado 20/11/2009
Sin embargo, Stephen Heyser murió rodeado de sus amigos, como mueren todos los ancianos en dichos centros y satisfecho de su vida.
El mundo no se vio envuelto en una guerra nuclear gracias a Heyser, que cámara en mano, descubrió y fotografió desde un avión espía U-2 de la CIA, los misiles soviéticos traídos a Cuba a espaldas del pueblo y de la comunidad internacional, lo que dio lugar a la mundialmente conocida Crisis de Octubre, en 1962.
Así, este militar de honor ha pasado a la historia como el hombre que contribuyó a salvar el planeta.
En una ocasión, entrevistado por la prensa estadounidense, Stephen Heyser declaró sentirse satisfecho porque la Crisis de Octubre haya terminado pacíficamente. ¨ Nunca quise contribuir con mi trabajo-dijo- a una tercera guerra mundial ¨.
El 28 de octubre de 1962, Nikita Jruschov, temeroso de convertirse en el segundo culpable -Fidel Castro sería el primero- de provocar una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el 28 de octubre de 1962, obligado por John F. Kennedy, y a espaldas del líder cubano, dio ordenes de desmantelar el emplazamiento de misiles y llevarlos de nuevo a casa.

De esta forma Estados Unidos no invadió Cuba, no hubo ataques aéreos ni bloqueo naval. Ambos gobernantes apelaron a la racionalidad, y pese a la actitud de rechazo de Fidel Castro, el mundo respiró en paz.
Pero, ¿estaba predestinada Cuba a recibir los estragos de algo parecido a una bomba nuclear?
Un poco antes de la Crisis de Octubre fue Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano, quien soñaba con bombardear La Habana.
En septiembre de 2007, un año antes de morir Heyser, el líder castrista, obsesionado siempre con una invasión yanqui a la isla, comparó el huracán que azotaba la isla por esos días, de nombre Gustav, con miles de bombas nucleares como las lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Incluso ordenó que científicos cubanos del Centro de Física de la Atmósfera y del Instituto de Meteorología viajaran a las zonas más dañadas del país con el objetivo de comparar la destrucción de Gustav, con las que ocasionan las bombas atómicas.
Días después, los científicos no sólo confirmaron que un huracán y una bomba nuclear poseen similitudes -lo expresado por el Comandante-, sino además que la capacidad de destrucción del huracán es mucho mayor.
Me pregunto si no hubiera preferido el mandatario cubano enfrentarse al fin a una guerra contra Estados Unidos que a una catástrofe de la Madre Naturaleza.