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CUBA: UNA MIRADA AL FUTURO

Habana Vieja, La Habana, 19 de noviembre de 2009, (PD) Al margen de las hipótesis, el ambiente dentro de Cuba apunta hacia un cambio que sobrepasaría la barrera de lo superficial.

Adivinar la magnitud de lo que despunta cómo un movimiento creado, fundamentalmente, por fuerzas ajenas a la voluntad de una nomenclatura envejecida y con las manos sobre las palancas del conservadurismo, es lo difícil de un contexto todavía muy hermético y sujeto al vaivén de las circunstancias que, sin dudas, emergerán en la medida que vayan implementándose los anunciados cambios estructurales y de concepto.

Una lectura de los acontecimientos invita a pensar en que el ritmo de estas movidas deberá ser menos lento a partir del 2010.

Es de esperar que Raúl Castro continúe resistiéndose a ser el protagonista principal del desmontaje del sistema. Hará lo necesario para mantener el equilibrio en la cuerda floja, es decir, aliviar en lo posible las credenciales de fuerza como el heredero de una dinastía totalitaria haciendo algunos guiños al capitalismo en el aspecto económico y a un Estado de Derecho en la implementación de algunas libertades fundamentales de forma gradual y limitada.

En las postrimerías de su ciclo biológico, querrá ser recordado como el dictador light que sustituyó a la ideología del primer lugar en el índice de las prioridades.
Al parecer cuenta con el apoyo de importantes actores internacionales para las labores que se proyectan como la antesala de un subsiguiente salto, post morten, hacia una transición con todos sus atributos.

Controlar un proceso de tal naturaleza requiere de mecanismos de contención y regulaciones. Un fallo bastaría para desencadenar la anarquía en sus versiones más dramáticas. Algo que no es conveniente para nadie, sea adversario o no del actual régimen.

Lo que se avecina en Cuba tiene puntos de coincidencia con la llamada terapia de choque. Remodelar un sistema creado hace más de medio siglo y en medio de un severa crisis tanto interna como internacional, es en extremo delicado.

La acumulación de desastres en intramuros y los injustificados aplazamientos para sacar al país del voluntarismo y la irracionalidad, ahora alcanzan un nivel crítico que podrían degenerar en estallidos de gran magnitud.

El hecho de que se precise de un gobierno fuerte para emprender una etapa crucial en la historia de la nación no es óbice para que se legitimen, bien de jure o de facto, conductas que ilustran el mismo patrón de brutalidad usado desde el surgimiento y consolidación de la dictadura contemporánea más longeva del hemisferio occidental.

Aunque comparativamente ha disminuido la represión contra los opositores pacíficos y personas vinculadas a la sociedad civil emergente, existen repuntes en este sentido que no ayudan a estimar, a corto plazo, una disminución tanto de las acciones como del lenguaje calumnioso y excluyente hacia las cubanos que no comulgan con la ideología oficial.

Sería lamentable que en aras de garantizar la calma en el desarrollo de una apertura incierta, la comunidad internacional redoblara su pasividad ante posturas excesivas y que no contribuyen a atemperar el ambiente social.

Una asignatura puntual para recibir el definitivo espaldarazo internacional, político y financiero, en la incipiente evolución hacia algo aún anclado en las profundas aguas de la incertidumbre, debería ser la liberación de los presos políticos y de conciencia, a través de una amnistía. En el ejercicio del poder, el Partido Comunista nunca ha accedido a decretar una acción de este tipo.

Es indudable que pese al desgaste y a la disminución de su eficiencia, los servicios represivos consiguen mantener el control. Entonces, ¿por qué continuar exterminando tras las rejas a más de dos centenares de prisioneros políticos y de conciencia, si dicen contar con la unánime aprobación popular? ¿A que teme el gobierno? ¿Cómo calificar tanto abuso y ensañamiento contra las relativamente pocas voces que se atreven a discrepar a cara descubierta?

En los próximos años se irán despejando las incógnitas sobre el destino de Cuba. Como dije al principio del artículo, es posible que el 2010 sea el verdadero punto de partida en el calendario de las reformas. ¿Qué y hasta dónde se reformará? Es una pregunta incómoda y sin respuestas concluyentes.

De lo que sí se puede estar seguro es que algo se mueve en dirección a otros puertos, quizás cercanos a un capitalismo de estado con la anuencia y protección del Partido Comunista. Sería el capítulo inicial de la transición hacia una democracia plena.

Raúl Castro ha dicho que no tiene intenciones de convertirse en el Mijaíl Gorbachov tropical. No obstante, intuyo que el político cubano para encarar al personaje ruso está al acecho.

No albergo duda alguna en que el artífice de la perestroika y la glasnost en Cuba, sea hoy uno de esos aparentemente fieles militantes del partido a nivel central o de alguna de sus estructuras intermedias. ¿Estará en las filas del Ejército o del Ministerio del Interior? Aventurarse en suponer en qué sitio se encuentra en la actualidad, es perder el tiempo. Lo importante es que existe. La historia viene a decírmelo cada noche.
Después de la asidua repetición, puedo dormir mejor.

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