¿LA BATALLA FINAL?
- Por Frank Cosme
- Publicado 26/11/2009
Santos Suárez, La Habana, 26 de noviembre de 2009, (PD) No hay nada más veraz que aquel refrán que asegura que la historia la hacen los vencedores, aunque en estos tiempos que corren hay serios investigadores que corrigen numerosos errores que se han hecho verdades a fuerza de repetirlos una y otra vez.
Ya se sabe por ejemplo, que no fueron esclavos los que construyeron las pirámides de Egipto, sino trabajadores asalariados. Nuevas excavaciones así lo confirman.
Historias recientes de Cuba, que no están enterradas en las arenas del desierto, vividas por muchos, escritas y documentadas, han sido congeladas a favor de sutiles intereses, extranjeros o nacionales. Muchas aún esperan que al calor de de los nuevos tiempos se derrita el hielo y salgan a la luz.
Varias de ellas se mencionan solo por arriba, sin darle la importancia y trascendencia que merecen, como es el caso del primer genocidio ocurrido en el mundo, 44 años antes de que los nazis lo hicieran: la reconcentración ordenada por Valeriano Weyler. Sobre este suceso, ni siquiera existe un monumento de recordación.
Otro ejemplo, más reciente aún es la batalla de Santa Clara, “la batalla final”, la que dio al traste con la dictadura batistiana y por la que esta ciudad todavía espera el reconocimiento de “ciudad héroe”.
Sus antecedentes se remontan a cuando el primero de febrero de 1957 llegó una expedición del Directorio Revolucionario, al mando de Faure Chaumont, a la bahía de Nuevitas. La expedición se dividió en dos grupos, uno se dirigió a la Habana con parte del equipo traído, el otro marchó hacia el Escambray. Un mes y doce días después, el Directorio, (el mismo que junto con la Unión Militar Revolucionaria fueron los artífices de la revolución del 33), salió a cobrarles las cuentas pendientes a Batista por su traición a esta revolución asaltando el palacio presidencial el 13 marzo de 1957. Fue la más audaz acción efectuada contra el dictador. El ataque fracasó, pero echó a andar la cuenta regresiva de la tiranía.
Paralelamente el Directorio había organizado en las montañas del Escambray, en la entonces provincia de Las Villas, el Segundo Frente Nacional. Algunos de los sobrevivientes del ataque al palacio como Chaumont y Gutiérrez Menoyo se unieron a las fuerzas de Rolando Cubelas para organizar la ofensiva final. Para ella, esperaban refuerzos del Movimiento 26 de Julio que llegaron el 7 de octubre de 1958: la invasión de Camilo y el Che, (la que más se divulga), el primero con 100 hombres y el segundo con 150.
¿Cuántos hombres tenía el Directorio? No he podido encontrar una cifra, pero algo resalta en toda esta historia: la desproporción de los hechos de uno y otro movimiento. La prensa nacional y la internacional favorecieron más al Movimiento 26 julio.
Los combates de Guisa o El Jigüe son los más resaltados, los de la finca Cacahual o la Loma de La Diana apenas se conocen, como tampoco otra audaz acción del Directorio, cuando rescató de las manos del propio Esteban Ventura a la hija de Regino Camacho, ex combatiente anti-fascista que fabricaba armamentos para el Directorio en una cueva del Escambray. Ventura, el jefe de la Inteligencia policial, había secuestrado a la niña y conminado a Camacho a entregarse a cambio de la vida de esta. El Directorio respondió con una acción de comandos y rescató a la niña.
¿Qué importancia tenía Camacho para que el propio coronel Ventura tratara de neutralizarlo? Esta historia se pierde, porque no hay mucha literatura de donde sacar datos, pero sí hay bastante sobre los secuestros por parte del M-26-7 del corredor argentino Fangio o de los 31 estadounidenses de la Nicaro Nickel Company sobre los que la prensa internacional y principalmente la norteamericana gastó bastante tinta.
La historia oficial dice que el 20 de diciembre de 1958 se inició la ofensiva de los rebeldes, pero no aclara que estas fuerzas eran del Directorio, del M-26-7 y otras organizaciones.
Cabaiguán, Placetas, Remedios, Yaguajay, y otras poblaciones cayeron como barajas. En la toma de esta última resaltó la figura de Camilo Cienfuegos. Pero Santa Clara fue un infierno. Hubo que improvisar a la carrera refugios antiaéreos. Fue la segunda ciudad abierta en América bombardeada por la aviación.
En la madrugada del 31 de diciembre de 1958 Batista fue informado de las grandes derrotas sufridas en Santa Clara y huyó a Santo Domingo.
La batalla de Santa Clara fue el final de lo que los cubanos todos creyeron sería el fin de aquellos lodos de la colonia que se convirtieron en ciénagas durante la República.
Como expresó el historiador Ramiro Guerra, “los audaces e impacientes suelen llevarse las palmas de la victoria”, a lo que pudiera agregarse: y también los que buscan afanosamente la publicidad. Pero ahí están los hechos, ¿acaso no tuvieron valor las acciones de otros protagonistas de estos sucesos? La historia no puede seguir ensalzando a unos y opacando a otros. La verdad está ahí, solo falta descongelarla.
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