QUE LA IGLESIA NO SE ENCOJA DE HOMBROS
- Por Pr Manuel Morejón Soler
- Publicado 11/12/2009
El apóstol Santiago declara la falta de valor de las riquezas, no la falta de valor del rico.
El dinero no tendrá valor cuando Nuestro Señor Jesucristo vuelva, pero no es malo emplear nuestro tiempo en acumular tesoros que serán valiosos en el reino eterno del Padre. El dinero en sí no es un problema, todos necesitamos del dinero para vivir y sostener a nuestras familias, los misioneros para difundir el Evangelio, las iglesias para la retención de las almas ganadas. Pero “el amor al dinero es lo que conduce a lo malo” (1ª. de Timoteo 6:18) y origina que los poderosos opriman al pueblo justo.
Hoy en Cuba el salario promedio mensual del obrero es el equivalente a 20 dólares.
Dice el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:
1-Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2-Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3-Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure a sí como a su familia una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4-toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para defensa de sus intereses.
Nadie que realmente se interese por salvar hombres del pecado puede permanecer indiferente ante las diversas formas de pecado social a que son arrastrados los individuos. Hay algo de falso en el fervor salvacionista de una persona que se encoge de hombros ante el sufrimiento económico, la opresión y la injusticia social. Por eso, no puede encogerse de hombros la iglesia ante estos asuntos.
Advirtió José Martí: “Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.”
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