Osmar Laffita Rojas
Reside en La Habana. Se ocupa de las Relaciones Internacionales del Partido Solidaridad Democrática. ramsetghandi@yahoo.com
EL RACISMO CORRIENTE (I)
- Por Osmar Laffita Rojas
- Publicado 11/12/2009
Cada vez son más las denuncias acerca de los marcados desajustes en cuanto a posibilidad de empleo en sectores como el turismo, firmas extranjeras, embajadas, tiendas de recuperación de divisas y la televisión cubana, donde se constata la baja presencia de los negros.
Lo que el gobierno cubano hasta ahora ha hecho respecto a los problemas raciales es ocultar y manipular lo que verdaderamente ocurre. Pasan por alto una realidad inaceptable e injusta y la emprende con sus cuerpos represivos contra los que no temen denunciar las desigualdades.
La señal inequívoca que envían los ancianos gobernantes es su negativa a poner en la superficie la cuestión racial, los prejuicios y discriminación existentes en estos momentos en Cuba y menos aún a abrir un debate nacional sobre tan espinoso y repudiable asunto.
Tales posturas las fundamentan en las primeras leyes puestas en vigor a los pocos meses de tomar el poder los actuales gobernantes, así como en los discursos en que convocaban al pueblo a sumarse a su proyecto gubernamental. Garantizaban la igualdad de derechos para todos los cubanos sin discriminación de ningún tipo, como compromiso por la acción de la mayoría de la población cubana contra el régimen militar de Fulgencio Batista.
Tales banderas de igualdad, fraternidad y libertad para todos, sin importar el color de la piel, fueron refrendadas en la Constitución de la República aprobada en 1976 y enmendada en 1992. Aún las enarbolan los gobernantes cubanos a nombre de su inexistente revolución. Si es así, resulta inaceptable y condenable que se amenace, persiga o encarcele a los que exigen poner término a la falta de oportunidades de significativos segmentos de la población negra.
Es necesarios que se recuerde que, quiéranlo o no los llamados blancos cubanos, Cuba por su composición étnica y el intenso entrecruzamiento racial, es una nación mestiza. La población esclava, que en las primeras décadas del siglo XIX era mayoritaria en la isla, dejó profunda huellas en la actual conformación del carácter y el alma nacional del cubano.
Las raíces de ese racismo endémico y residual hoy presente en Cuba, hay que encontrarlas en los sentimientos de los terratenientes peninsulares y criollos, tratantes y dueños de esclavos que lucharon por una Cuba europea. La burguesía que se apropió de los destinos de Cuba en la primera mitad del siglo XX y todos los que de ella dependían, añoraron siempre un país americanizado y blanco.
La mayoría del pu
eblo cubano cifró sus esperanzas en que con la caída del gobierno de Batista, toda esa cultura de discriminación, desigualdades e injusticia, llegaría a su fin. Pero resulta que ahora después de 50 años, hay que admitir que todo fue una gran farsa y un estrepitoso fracaso. El único responsable de tan repudiable e inadmisible realidad son los gobernantes cubanos. Fueron ellos los que en los primeros meses de 1959 dictaron leyes, decretos y resoluciones que pusieron término por decreto a todas las prohibiciones e injusticias en que los negros en determinadas actividades y sectores específicos de la sociedad cubana eran tratados como ciudadanos de segunda e incluso de tercera categoría. Pero tal como se comportan las cosas, todo apunta al hecho de que se retrocede aceleradamente en el problema racial con relación al momento en que los actuales gobernantes tomaron el poder.
Tal realidad constituye el mayor fracaso en el terreno de los derechos y oportunidades de los cubanos que demagógicamente no se cansa de proclamar el régimen.
ramsetgandhi@yahoo.com