Ramón Díaz-Marzo
Periodista independiente y escritor, reside en La Habana Vieja. ramon597@correodecuba.cu
TE HE LLAMADO PORQUE ESTOY PREOCUPADO
- Por Ramón Díaz-Marzo
- Publicado 17/12/2009
(Fragmento del libro “Crónicas de La Habana” en preparación).
Te he llamado porque estoy preocupado, no sólo con mi salud, sino con los hombres de gobierno que me rodean y yo mismo he nombrado. Pero como comprenderás el arte de gobernar consiste en no confiar en nadie. La confianza está hecha para uno, y la comprensión para los demás. Yo comprendo a los demás, especialmente a mis hombres más cercanos. Pero como llevo tanto tiempo en el poder comprendo que todos quieran ocupar mi lugar ahora que estoy a punto de despedirme de la vida. El poder es la adicción más fuerte que existe en el mundo, y una vez que tienes la experiencia ya nunca más puedes renunciar a ella. ¡Imagínate cómo deben de estar los hombres que, a mi alrededor, han compartido o sentido en sus manos una parte, por muy pequeña que sea, de mi poder, y lo han podido utilizar por su propia voluntad sin tener que consultarme! Por supuesto, que el gran trauma de mi mandato ha sido no poder estar en todas partes y haber tomado decisiones en todas las ramas del pequeño Imperio que gobierno; pero estoy limitado porque soy una sola persona y aunque de algún modo he logrado meterme en todo, hay pequeñas zonas de mi Imperio donde por elementales leyes de la física no he podido estar. Te he llamado porque dentro del aparato de contrainteligencia te he confiado la tarea de vigilar a mis súbditos, especialmente a los que conforman mi gobierno. Y quiero precisar algunos puntos, aunque hace años conformen parte de tu agenda, para saber que nada se te escapa, y ahora que estoy enfermo poder dormir algunas pocas horas con tranquilidad. Quiero que me informes y me reiteres que todos los miembros de mi gobierno están siendo profundamente vigilados las 24 horas del día. Quiero saber de tus propios labios que mi orden abarca a todos sin distinción de ninguna clase. ¡Cómo me dices, que confías en mi hermano! Estás comiendo mierda si no sospechas que ese pueda ser mi peor enemigo. Correcto, entonces está claro que todo está bajo control. Me alegro de escucharte, pero necesitaba retroalimentarte no fuera ser que el nivel de vigilancia haya descendido y estuvieras entrando en una etapa de estúpida confianza. ¡Qué me dices! ¿Me estás pidiendo permiso para retirarte? ¿No se te queda un detalle que posiblemente sea el más importante de todos? No te envío ahora mismo directamente al paredón porque ya son pocos, por no decir ninguno, los hombres que aún se atreven a confiar en mí sin el temor de que en el futuro si tuviera que sacrificarlos, los sacrificaría. O eres una rata peligrosa o un estúpido, pero te acepto. Estoy seguro que si ahora mismo te doy la orden de que te metas una bala en la cabeza delante de mí para demostrarme lealtad, lo harías sin titubear. Bueno, seguro es una palabra muy determinante, mejor decir, sospecho que me eres fiel. Tú eres de las pocas personas, contadas con los dedos de una sola mano, que estás al tanto de mi plan de perpetuarme en el Poder más allá de la muerte a través de mis descendientes. Y en mi plan de instaurar una monarquía tropical tú eres una pieza fundamental que ayudarás a que este postrero plan se cumpla aunque tengas que embarrarte las manos con más sangre. Pero como te tengo que reprochar desde hace unos segundos que estamos despachando, se te ha olvidado el punto más importante de tu agenda. ¿Cómo es posible que te atrevas a confiar en mí? Mi plan, para el futuro, es más importante que mi esquelética figura. Ahora estoy en mis cabales, ahora que estoy hablando contigo, pero dentro de unas horas yo podría convertirme en el peor enemigo de mi Plan y tú no estar preparado y no saber lo que tienes que hacer. ¿No comprendes que en este plan de vigilancia el más vigilado de todos tengo que ser yo mismo? ¿No comprendes que el único con verdadero poder para destruir mi propio Plan soy yo mismo? ¿Tengo que continuar repitiéndote que estas comiendo mierda? A pesar de que al principio te dije que la confianza está hecha para uno, y la comprensión para los demás, yo, por la experiencia que me ha dado mi trato con el mundo del poder internacional, no me tengo confianza. Uno constantemente está expuesto a cometer todo tipo de equivocaciones que, por pequeñas que son, si uno no observa contra uno mismo todo tipo de auto vigilancia, incurre en los errores que pueden costar muy caros. Así que a partir de ahora tienes que estar muy claro en este punto: yo tengo que ser el más vigilado de todos, pues tengo un defecto –envidioso- y yo mismo podría ser el peor enemigo de mi gobierno. Si llegara el momento de que tengas que tomar medidas contra mí porque me he vuelto loco pal´carajo, ese será tu problema. No obstante te voy a dar una luz: aunque eres el jefe de vigilancia de mi contrainteligencia que no se te olvide que otro departamento, al que nunca podrás acceder ni penetrar, te vigila las 24 horas. Tú eres un viejo combatiente de Laberinto, y sabes que el rompecabezas es así, y son las reglas del juego. Ahora puedes marcharte.
