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LOS MISMOS ARTÍCULOS

Habana Vieja, La Habana, 21 de enero de 2010, (PD) Este oficio de escribir todas las semanas los errores de la dictadura cubana es agotador en comparación a si uno tuviera una columna fija policial. En la columna policial, el asesino y el asesinado al menos cambian de nombre. Pero en nuestro caso siempre son los mismos nombres y las mismas situaciones.

 

Quizás los mejores periodistas son los que tienen un mecanismo que les hace olvidar cuáles fueron los últimos artículos que escribieron durante el último año. Pero comienza un nuevo año y volveré a escribir los mismos artículos: que si el embargo, que si los Castro, que si los norteamericanos, que si la Unión Europea, que si España, que si el próximo “tronado” o “defenestrado”… Quizás a algunos de mis colegas no les aburra esta faena, pero a mí sí, por la sencilla razón de que ya vamos para 51 años hablando y escribiendo sobre el mismo tema.

 

 Ni el gobierno cubano hace nada por mejorar la vida de los cubanos (y cada vez damos 2 o 3 pasos hacia atrás) ni el pueblo hace nada, bien porque nada puede hacer o porque no recibe una real ayuda de la comunidad internacional para terminar con esta larga noche.

 

Los políticos de todas las orillas comienzan a darme risa. Todos los años, con algunos ligeros cambios, también hacen las mismas declaraciones. ¿Hasta cuándo vamos a proseguir con la misma vaina? Hasta siempre, porque los políticos no son ni pueden ser los autores reales del panorama político del mundo.

 

 Algunos calculadores o la mayoría de los cálculos aseguran que mientras QUIEN TÚ SABES exista, en Cuba no habrá cambio. Esto me hace pensar que aquellos políticos a los cuales se les atribuye un poder (y de hecho lo tienen) son víctimas de su propio poder. Ellos no pueden salirse del camino político que han trazado aunque quisieran.

 

Los Intereses Creados han convertido a nuestro mundo en un rompecabezas o en una obra de teatro donde cada político tiene un papel que interpretar. El político que pretenda salirse del camino, interpretar otro papel, hacer lo que nadie esperaba, comete un pecado mayor y lo que hace sería peor que si  muriera. Todos le perdonarán que se muera porque la muerte no recibe órdenes de los Intereses Creados. Pero lo que nada ni nadie le perdonaría es que ejerciera el poder en una dirección que nadie esperaba.

 

Entonces podemos llegar a la conclusión de que los individuos de poder en realidad son marionetas de las leyes del juego que han elegido y que nuestro mundo es una histórica y enorme obra de teatro cuyo autor desconocido son las circunstancias ante las cuales nada ni nadie puede rebelarse ni hacer nada por cambiar las fuerzas exteriores que marcan y predeterminan el comportamiento de los políticos.

 

La muerte, que no es un partido político ni un ejército invasor con armas de destrucción masiva, es el único poder real que desata cualquier nudo de la historia, en silencio. Y el político desgraciado que no tenga la suerte de morir convenientemente a tiempo, no sólo está condenado en lo más profundo de su ser, sino que condena a los pobres miembros del pueblo que nunca han tenido ni tendrán una participación real en las tomas de decisiones de la obra de teatro que es la historia política del mundo.

ramon597@correodecuba.cu


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