HAITÍ Y LA SOLIDARIDAD
- Por Frank Cosme
- Publicado 22/01/2010
Santos Suárez, la Habana, 21 de enero de 2010, (PD) Hasta 1626, año en que se instalaron los piratas franceses en la Isla Tortuga, tan promocionada luego por novelistas y productores de cine, la historia de Haití se confunde con la de su vecino Santo Domingo.
Poco a poco comenzó desde entonces la penetración francesa por el noroeste de la isla. La región, con sus plantaciones de café, se convirtió en una de las colonias más prósperas de las Antillas. La llegada de gran número de esclavos, pronto hizo que la cantidad de africanos superara a la población francesa. Tras una sublevación dirigida por Toussaint Louverture, que había llegado a general en el ejército de Napoleón, se proclamó la república independiente de Haití en 1804. Fue la segunda república en América y en el mundo en proclamar su independencia.
Su posterior historia llena de intensas luchas políticas, desórdenes administrativos y conflictos fronterizos con el país vecino, la república de Haití un poco que escapa de ser noticia. Hoy es el centro de atención mundial el terremoto ocurrido el pasado martes 12 de enero que ha dejado consternada a la población del orbe. Nadie esperaba que sucediera un terremoto de tal magnitud en ese país. Acostumbrados como estamos a recibir de cuando en vez noticias de terremotos en el cinturón de fuego del Pacífico que se extiende desde Alaska hasta Chile o de la otra zona sísmica europea o asiática, la sorpresa fue inmediata y espeluznante.
Pero en medio de todo este caos, la solidaridad, esa palabra tan polaca, no se ha hecho esperar. Los pueblos del mundo y no solo Cuba, han pasado de la estupefacción a la acción.
La Cruz Roja, esa benemérita sociedad nacida en Suiza, ha organizado rápidamente el auxilio. El coordinador de esta zona del Caribe para desastres naturales, Manuel Rodríguez, casi inmediatamente al desastre comenzó a enviar ayuda.
Los mexicanos, que han sufrido en carne propia estas desventuradas situaciones, han enviado 3 aviones y 2 buques cargados con 70 toneladas de alimentos, medicinas y equipos. La pequeña nación salvadoreña, un equipo de rescate y búsqueda, Costa Rica 50 expertos en desastres. Estados Unidos, Canadá, España, Brasil, la ONU, bancos internacionales, todos están en acción y ayudan de alguna manera. Hasta de la lejana y gélida Islandia han enviado su contribución.
Si a la población mundial sorprendió este terremoto no fue así a los sismólogos. Resulta que hay una prolongación de este cinturón de fuego que cubre una amplia zona del Caribe donde se incluye la costa sur del oriente cubano, Jamaica y una gran parte de las Antillas. Aunque esta zona no es muy propensa a estos movimientos de la corteza terrestre, se han producido en otras épocas terremotos de gran intensidad. Port-au-Prince los experimentó en 1770-1842 y 1860. Port Royal, en Jamaica, desapareció bajo el mar también por un cataclismo de este tipo.
Ciento cincuenta años transcurrieron desde el último terremoto en Haití. Sólo se sentían esporádicamente algunos temblores parecidos a los que ocurren en el sur del oriente de Cuba, especialmente en Santiago.
Una vez más ese sentimiento, la solidaridad, que impele a los hombres a prestarse ayuda mutua surgió espontáneamente en los seres humanos que habitan en este mundo. Es una pena que haya que esperar por este tipo de catástrofes naturales para que la gente reaccione, pues hay otras catástrofes económicas, políticas y sociales en muchos países del cual el nuestro no escapa y las víctimas quedan en espera de esa palabra que los polacos recordaron al mundo su significado hace ya más de 21 años.