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I HAVE A DREAM

Santos Suárez, La Habana, 28 de enero de 2010, (PD) En el transcurso de la historia de las naciones y en las inevitables crisis por las que todas transitan, de alguna manera surgen hombres que logran conmover y aunar el espíritu de un país encausándolo por el único camino que hace libres al género humano: la verdad.

Martin Luther King fue uno de esos extraordinarios seres humanos que logran cambiar las negativas formas de pensar que surgen precisamente en el espíritu de las personas en esos tiempos de crisis.

Discriminados, agobiados y confundidos por legislaciones que proclamaban ante el mundo la igualdad de todos desde la fundación de su país y pasando por la abolición de la esclavitud decretada por Abraham Lincoln, la población de raza negra de Estados Unidos esperó paciente casi 200 años a que esas leyes se cumplieran sobre todo en el Sur de esa nación, una región marcada por un protestantismo furibundo en donde negros, judíos y católicos no tenían cabida.

Fue en esta región sureña donde nació el Dr. King un 15 de enero de 1923. Precisamente su raza fue la que más sufrió los desmanes de estos extremistas que declarándose muchos de ellos cristianos, se comportaban como verdaderos criminales.
Extraña paradoja esta, pues la raza negra es uno de los grupos humanos más cristianos que existen en ese país. El propio Martin Luther King era pastor de la iglesia Bautista.

Miembros de la iglesia bautista, fundada por John Smith en la Inglaterra de 1611, llegaron a Norteamérica en 1620 en el Mayflower, buque que trajo también a otros grupos religiosos que huían de la intolerancia, el extremismo y también los actos criminales de la iglesia fundada por Enrique VIII. Todos hallaron refugio en las Trece Colonias y fundaron la nación norteamericana.

Las doctrinas bautistas calaron hondo en los atribulados esclavos, sobre todo en el sur del país. Ellos constituyeron el grupo más unido en la historia de esta religión. Sus aportes en la forma de adorar a Dios a través del canto ha originado tal vez la música religiosa más bella y rítmica que ha creado el hombre: el Soul.

Como expresó el Eclesiastés 3(1-7), en este mundo todo tiene su hora, hay un momento para todo cuando ocurre.

El momento de acabar con la discriminación racial se presentó en la crisis político- social más grande que ha tenido la historia de Estados Unidos. La contracultura hippie, la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, el estrangulador de Boston. Esos eran en los años 60 los titulares de los periódicos, el día a día. El país era una anarquía, la criminalidad aumentó. Un Cardenal Católico, Lawrence Shehon, desafortunadamente completamente olvidado, se distinguió por alertar sobre todo lo que estaba ocurría y sobre todo por su defensa de los derechos civiles de los que él consideraba hijos del mismo Dios. Nunca antes los redactores de periódicos habían tenido que escribir tanto sobre su propia nación.

Había llegado la hora, había llegado el momento. Frente a la estatua de Lincoln en Washington y ante millares de personas la mayoría de la raza negra, pero también una buena representación de todas las demás razas, credos y tendencias religiosas y políticas amantes de la libertad y la buena voluntad, el Dr. King, pastor de una iglesia cristiana y convertido en líder indiscutible no sólo de la comunidad negra sino de una nación cuya divisa en sus monedas dice IN GOD WE TRUST, dejando el discurso preparado de antemano, visiblemente emocionado, le habló a los Estados Unidos con el corazón y pronunció un discurso lleno de espléndidas metáforas que conmovió a la nación del Norte hasta sus cimientos.

“No permitamos satisfacer nuestras ansias de libertad con la copa de la amargura y el odio”, resuena hoy a pesar del casi medio siglo trascurrido. Tengo un sueño, el discurso de Martin Luther King en esos caóticos años 60 será para siempre una inspiración universal para todos aquellos que se aferran desesperadamente a la esperanza.

En una isla más al Sur, situada en el centro de las Américas y desde esa misma época, en medio de todas las contrariedades, contradicciones internas y externas, rivalidades absurdas, no aceptación de realidades y señalamientos positivos, olvidados de que el papalote se eleva contra el viento y no a favor de él, olvidados de las lecciones que nos ha dado la historia universal y la nuestra, tan enriquecida de hechos idénticos y lamentables, a pesar hasta del aburrimiento y el escepticismo, todavía hay quienes se aferran a la esperanza, todavía hay cubanos que también tienen un sueño.
primaveradigital@gmail.com

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