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SE CIERRA EL CERCO

Rancho Boyeros, La Habana, 18 de febrero de 2010, (PD) La proximidad de una nueva edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe ha colocado a las autoridades políticas y deportivas cubanas en una seria encrucijada. De paso, ha dejado al descubierto la crisis insoluble de un sistema basado en el control y la manipulación política de la actividad deportiva y el destino de los seres humanos.

 

La ciudad puertorriqueña de Mayagüez acogerá el próximo verano la nueva parada de los juegos regionales más antiguos del planeta (México 1926). La participación de  Cuba ─principal animador y ganador de estas citas─  en los juegos se ha convertido en incertidumbre y conflicto por la sencilla razón de que el gobierno cubano no está en capacidad de asumir los riesgos políticos y de imagen que su empecinado diseño hegemónico le deparan y que esta vez, según las circunstancias,  tienden a complicarse.

 

En las últimas dos décadas, los Juegos Centroamericanos, que en el terreno estrictamente deportivo han sido tradicionalmente un paseo para Cuba, se han convertido en una especie de incómoda pesadilla para el gobierno cubano.

 

En la edición de Ponce, Puerto Rico, en 1993, desertaron cuatro decenas de miembros de la delegación antillana.

 

Cuba se ausentó de la cita de San Salvador 1992 pretextando problemas de seguridad para evitar una segura estampida en un marco nada favorable, habida cuenta de las nada cordiales relaciones con el gobierno salvadoreño de entonces, encabezado por el presidente Francisco Flores,  la única persona que se ha atrevido a decirle a Fidel Castro en su cara y en público lo que muchos piensan de él.

 

La Mayor de las Antillas regresó a la liza en los juegos de Cartagena de Indias 2006 para comprobar en el terreno que la época de la cómoda y automática hegemonía era cosa del pasado. En la competencia se hizo evidente el avance de los países de la región en muchos deportes de tradicional dominio cubano y el retroceso de los atletas de la isla en disciplinas que antes ganaban fácilmente con registros incluso de nivel mundial.

 

En los últimos días del evento y gracias al concurso de los deportes de combate, Cuba logró ascender al primer lugar en la tabla general de medallas, pero con muchos menos títulos que de costumbre. Mostró debilidades y carencias que en subsiguientes citas de alto nivel se convertirían en muy pobres resultados.

 

El caso es que las autoridades cubanas han convertido el asunto de la participación en la cita de Mayagüez en un conflicto al esgrimir toda suerte de obstáculos y dificultades infundadas. Lo cierto es que este nuevo compromiso deportivo plantea una serie de problemas muy difíciles de enfrentar para los jerarcas de La Habana

 

No es secreto la creciente y al parecer indetenible oleada de deserciones de atletas, que ha causado duro impacto incluso en las más populares disciplinas deportivas de la isla, como el béisbol y el boxeo, o el hecho de que el nivel de la competencia obligue a enviar a la próxima cita regional atletas relativamente jóvenes en todos los deportes, lo cual convertiría a la delegación cubana en mucho más numerosa y difícil de controlar en los marcos de la jurisdicción norteamericana.

 

Estas circunstancias que hacen más complicado repetir el esquema de limitar el movimiento de los atletas e incluir en la embajada deportiva una legión de mal disimulados carceleros, se convierten en una tambaleante espada de Damocles sobre las cabezas llenas de temores y vacías de imaginación de las autoridades cubanas.

 

Dos elementos externos complican el escenario en esta ocasión a la luz de la intención del gobierno cubano de justificar sus acciones con acusaciones de ambientes hostiles y problemas de seguridad. La actitud de la actual administración norteamericana proclive a favorecer los contactos e intercambios y sobre todo el espíritu de colaboración y alta consideración que las autoridades deportivas e incluso políticas de Puerto Rico han mantenido tradicionalmente para con las representaciones y funcionarios cubanos.

 

Es plenamente conocido que la sede de un evento deportivo debe responsabilizarse con la seguridad de los participantes, pero además las autoridades puertorriqueñas pusieron pie y hombro en tierra por la participación cubana en la eliminatoria del Primer Clásico Mundial (marzo 2006) ante la negativa inicial de la administración Bush y han sido más que benevolentes, permisivas cuando en varias ocasiones miembros de delegaciones de la isla han agredido a alguien que les resulte incómodo u ofensivo.

 

Tales actitudes implicarían un serio compromiso moral ante su contraparte de la Isla del encanto. Sin embargo, la historia ha demostrado que eso tiene muy poco valor para los gobernantes cubanos, quienes para más complicación han recibido una comunicación del mismísimo gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, en la que reitera las garantías de seguridad que ofrece para concretar lo que constituye un propósito indeclinable para las autoridades de ese país: la participación de Cuba, sin que hasta el momento se haya tomado una decisión definitiva al respecto

 

Lo cierto es que ya son varios los eventos oficiales en  los que la representación cubana no ha estado presente ─junto a los mencionados juegos de Cartagena, el Campeonato Mundial de Boxeo de Chicago 2007 y la recién establecida Liga Internacional de este mismo deporte─ para escapar de un problema generado por causales internas con el pretexto de acoso u hostilidad externa.

 

Sólo el tiempo dirá si Cuba finalmente asistirá a los juegos de Mayagüez, pero no será por incumplir compromisos o pasar a otros las responsabilidades propias como el gobierno cubano va a resolver la contradicción irreconciliable que existe entre su empecinamiento hegemonista y manipulador y el ansia de libertad y realización personal de los atletas de la Isla. Por cierto, los deportistas cubanos son los únicos en el mundo que deben escoger entre prodigar su talento en los mejores escenarios competitivos y conservar a un alto precio el derecho a una nacionalidad secuestrada o  un presente de frustraciones y un futuro incierto.

elical2004@yahoo.es

*Historiador y politólogo

 


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