NO TRAICIONES TU VISIÓN
- Por Pr Manuel Morejón Soler
- Publicado 19/02/2010
San Miguel del Padrón, La Habana, febrero 18 de 2010 (PD) El Sumo Traidor, el que entregó al Señor, fue nombrado como tesorero de los discípulos (Juan 12:6, 13:29), pero después que sus esperanzas de conseguir un alto puesto en el reino terrenal de Jesús fueron frustradas (Juan 6:66), se convirtió en un ladrón. Su indignación cuando Jesús fue ungido en Betania era hipócrita. Parecía que los otros discípulos le tenían confianza (Juan 13:21-30). Jesús, sin embargo, no pudo ser engañado (Juan 6:64), sino que supo desde el principio quien lo habría de traicionar. Fue durante la última cena que Jesús reveló que uno de sus discípulos lo traicionaría (Juan 6:71).
Las siguientes acepciones son sinónimos de Judas: desleal, infiel, renegado, desertor, delator, alevoso, felón, ingrato, indigno, intrigante, conspirador.
Todos llevamos un Judas iscariote por dentro. Ese es el gran conflicto para las decisiones. Errar es de humanos, arrepentirse de los errores es lo que espera Dios. Pero ignorar el error es traicionar al otro y a sí mismo.
En Cuba, tras la sucesión se esperaban cambios políticos sustanciales. Aparentemente todo indicaba cambios: se permitió que se plantearan los problemas en asambleas en los centros de trabajo, hubo algunos aumentos de salarios, etc. Pero de pronto, todo se congeló en cuanto a reformas para permitir la libre emisión del pensamiento. La represión, si no aumentó, se mantiene igual. Los salarios no satisfacen los esenciales mínimos del trabajador para el sustento de su familia. Etc., etc.
¿Qué fue lo que sucedió? ¿Las estructuras creadas durante 50 años no permiten los cambios o es la inclinación a favor del Judas que llevamos por dentro?
Tal y como Cristo no pudo ser engañado, un pueblo no puede ser engañado todo el tiempo.
Dice en Hechos de los Apóstoles (1:15-20): “Por aquellos días, Pedro se dirigió a los hermanos reunidos, que eran como 120 personas y les dijo: Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo por medio de David ya había dicho en
En efecto, el Libro de los Salmos dice: “Que su casa se vuelva un desierto y que nadie viva en ella. Y también: que otro ocupe su cargo”.
Escribió José Martí: “