EL PASTOR
- Por Frank Correa
- Publicado 19/02/2010
Jaimanitas, La Habana, febrero 4 de 2010 (PD) En la prisión Combinado de Guantánamo hay un recluso condenado a 20 años por intento de salida ilegal del país. La desmesurada sanción impuesta a su causa no se puede explicar de forma simple.
Néferin era pastor de un templo bautista. Posee una disciplina y una conducta que son un ejemplo para los demás reclusos del piso. Ahora las condenas que imponen por intento de salida ilegal del país son mínimas. Pero el pastor, durante la vista del juicio, reveló el desorden existencial imperante en Cuba, lo calificó como apocalíptico y alegó que Satanás era quien gobernaba la tierra.
Aquella parodia no gustó nada al presidente del tribunal, ni a los jueces, ni siquiera a su abogado. A pedido del fiscal le adicionaron dos cuerpos legales más: “Ofensa a la figura del Comandante en Jefe” y “Propaganda enemiga”. Entonces le bajaron aquel racimo de años por las costillas.
En las tardes de tedio en la prisión, después del recuento, Néferin contaba los detalles de su “delito”. El mismo práctico que iba a meterlo a él y a su novia dentro de la base naval yanqui lo entregó a la policía, tras cobrarle treinta mil pesos. El Pastor debía esperarlo escondido en unas rocas cerca de la franja fronteriza, en las inmediaciones de Cayamo. A medianoche vendría con la muchacha, y los cruzaría al otro lado.
A la hora señalada, el práctico no apareció, ni tampoco la novia; en cambio, se encendieron los reflectores de las postas cubanas y aquel lugar se iluminó como si fuera de día. Una pareja de guardafronteras lo sacó del escondrijo, lo sepultaron en las celdas tapiadas de
Néferin recalca en su testimonio que de niño fue un marginal, sus padres se divorciaron y quedó en manos de una tía alcohólica que lo maltrataba. Dejó la escuela en sexto grado y se sumió en el delito. Para él, su vida es la mayor prueba de la existencia de Cristo. A base de un profundo estudio individual y una distintiva interpretación de
Gracias a las múltiples donaciones que enviaban desde el extranjero, pudo ensanchar el templo. Su lema fue “una iglesia en victoria”. Comenzó a salvar borrachos, locos, delincuentes, drogadictos, jineteras, y a muchos desilusionados de la vida y estafados por el destino, que poblaban la ciudad de Guantánamo.
Su desgracia actual se la achaca a maniobras de
Ese día la iglesia se llenó a reventar. En medio de una algarabía de alabanzas nunca vista, el sanador echó fuera demonios, males de barrigas, sangramientos, tumores, problemas del bajo vientre, luxaciones. Luego pidió a los fieles que abrieran las bocas y desde el púlpito quitó caries y empastó muelas. A los obesos ordenó que avanzaran, evocó al espíritu santo, advirtió que sujetaran sus prendas porque podían caer al piso, sopló, sopló, y aunque no había signos visibles, dijo que la obra estaba instruida. Por último pidió que le trajeran un muerto para resucitarlo. De casualidad no encontraron ningún fallecido y no pudo obrar el milagro.
Las arcas se repletaron aquella noche, y todas las que siguieron. La iglesia tomó un extraño renombre. Su influencia proyectada sobre la comunidad comenzó a poner en dudas la eficacia de las autoridades. Inmediatamente, funcionarios de
Señala Néferin que fue en ese preciso instante cuando apareció Satanás, en el cuerpo de una hermosa joven recién convertida, que lo incitó a tomar el efectivo acumulado en las ofrendas, vender las joyas donadas por los hermanos, vender los equipos de audio, las reproductoras, los televisores, los DVD, el VHS, las sillas, las mesas, las tablas de las paredes, las tejas, las cabillas, y proponerle todo aquel dinero a su primo, que sacaba personas del país por la base naval norteamericana. Le dijo que podían iniciar una nueva vida, en un país libre, y continuar la obra de Dios.
--La carne es débil --Néferin se recuesta a la litera cuando llega a esta parte, y suspira con nostalgia --. Sucumbí ante los encantos de aquel querubín.
La muchacha cristiana que prendió su corazón era una antigua jinetera, que cayó otra vez en las garras de Satanás el mismo día que cerraron la iglesia. También volvieron a la vida licenciosa los borrachos, los locos, los drogadictos, los delincuentes, los estafados por el destino y los desilusionados de la vida, al perder su único asidero.
El individuo que fingió ser práctico para la salida ilegal por la base era nada menos que el chulo de la muchacha, un soldado de