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EL PASTOR

Jaimanitas, La Habana, febrero 4 de 2010 (PD) En la prisión  Combinado de Guantánamo hay un recluso condenado a 20 años por intento de salida ilegal del país. La desmesurada sanción impuesta a su causa no se puede  explicar de forma  simple.

 

Néferin era pastor  de un templo bautista.  Posee una disciplina y una conducta que son  un ejemplo para  los demás reclusos del piso.  Ahora las condenas que imponen  por intento de salida ilegal del país   son mínimas. Pero  el pastor, durante la vista del  juicio,  reveló   el desorden existencial imperante en Cuba, lo calificó como apocalíptico y  alegó que  Satanás era quien  gobernaba la tierra.

 

Aquella parodia no  gustó nada al presidente del tribunal, ni a los jueces, ni siquiera a su  abogado. A pedido del fiscal le adicionaron dos cuerpos legales más: “Ofensa a la figura del Comandante en Jefe”  y  “Propaganda enemiga”. Entonces le bajaron aquel racimo de años por las costillas.

 

En las tardes de tedio en la prisión, después del recuento,  Néferin contaba  los detalles de su “delito”.  El mismo práctico que iba a meterlo a él y a su novia dentro de  la base naval yanqui   lo entregó a la policía, tras  cobrarle treinta  mil pesos. El Pastor debía esperarlo escondido en unas rocas cerca de la franja fronteriza,  en las inmediaciones de Cayamo. A medianoche  vendría con la muchacha, y los cruzaría al otro lado.

 

A la hora señalada,  el práctico no apareció, ni tampoco la novia; en cambio,   se encendieron los reflectores de las postas cubanas y aquel lugar se iluminó como si fuera   de día. Una pareja de guardafronteras  lo sacó del escondrijo,  lo  sepultaron en las celdas tapiadas de la  Seguridad del Estado, bautizada por los guantanameros  como la olla de presión, hasta que celebraron  el juicio dos meses después, donde  Néferin discursó  su parodia satánica, tomada por el tribunal  como un insulto evidente a la máxima figura del gobierno.

 

Néferin recalca en su testimonio  que de niño fue un marginal, sus padres se divorciaron y quedó en manos de una tía alcohólica  que lo maltrataba. Dejó la escuela en sexto grado y se sumió en el delito. Para él,  su vida es la mayor prueba de  la existencia de  Cristo. A base de un profundo estudio individual y una distintiva  interpretación de la Biblia,  se convirtió en cristiano.  Por su cuenta se consagró a  predicar con  la  palabra  y rescató numerosas  vidas por todos los barrios marginales de Guantánamo. Se hizo   misionero, luego evangelista y obtuvo finalmente el grado de pastor, que  asumió con altruismo.

 

Gracias a las múltiples   donaciones que  enviaban desde el extranjero, pudo ensanchar el templo. Su lema fue  “una iglesia  en victoria”. Comenzó a  salvar   borrachos, locos, delincuentes, drogadictos, jineteras, y a  muchos  desilusionados de la vida y  estafados por el destino, que poblaban  la ciudad de Guantánamo.

 

Su desgracia actual se la achaca a maniobras de la Seguridad del Estado  para destruir su obra redentora en ascenso.   Reconoce  con cierta extrañeza que todo comenzó con  la visita de   un sanador  de Las Tunas,  enviado por la Liga Evangélica, famoso por recorrer toda la isla curando enfermedades.

 

Ese día la iglesia se llenó a reventar. En medio de una algarabía de alabanzas nunca vista,  el sanador   echó fuera demonios,  males de barrigas, sangramientos, tumores, problemas del bajo vientre, luxaciones. Luego pidió a los fieles que abrieran las bocas y desde el púlpito quitó caries y  empastó muelas. A los obesos   ordenó que avanzaran, evocó al espíritu santo,  advirtió  que  sujetaran sus prendas porque podían caer al piso, sopló, sopló, y aunque no había signos visibles,  dijo que la obra estaba instruida. Por último pidió que le trajeran un muerto para resucitarlo. De casualidad no encontraron ningún fallecido y no  pudo obrar el milagro.

 

Las arcas se repletaron  aquella noche, y todas las que siguieron. La iglesia  tomó un extraño renombre. Su influencia  proyectada sobre la comunidad comenzó a poner en dudas  la eficacia de las  autoridades. Inmediatamente,  funcionarios de la Dirección Provincial de la Vivienda se presentaron en el lugar con documentos que atestiguaban que aquel terreno pertenecía a  Cubalse, una entidad comercial del estado.  Dieron 24 horas para recoger y marcharse.

 

Señala Néferin que fue en ese preciso instante cuando  apareció Satanás, en el cuerpo de una hermosa joven recién convertida, que lo incitó a tomar  el efectivo acumulado en  las ofrendas, vender las joyas donadas por  los hermanos, vender los equipos de audio, las reproductoras, los  televisores, los DVD, el VHS,  las sillas, las mesas,  las tablas de las paredes, las tejas, las cabillas, y  proponerle  todo aquel dinero  a su primo,  que sacaba  personas del país por la base naval norteamericana. Le dijo que podían iniciar una nueva vida, en un país libre, y continuar la obra de Dios.

 

--La carne es débil --Néferin  se recuesta a la litera cuando llega a esta parte,  y suspira con nostalgia --. Sucumbí ante  los encantos de aquel querubín.

 

La muchacha cristiana que prendió su corazón era una antigua jinetera, que  cayó otra vez  en las garras de   Satanás  el mismo día que  cerraron la iglesia. También volvieron a la vida licenciosa los borrachos, los locos, los drogadictos, los delincuentes, los estafados por el destino y los desilusionados de la vida, al perder su único asidero.

 

El individuo que fingió ser  práctico para la salida ilegal por la base   era nada menos que el chulo de la muchacha,   un soldado de la Brigada Fronteriza que cuidaba   la garita  de Cayamo.

beilycorrea@yahoo.es


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