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MUERTE EN LA HABANA

 Habana Vieja, La Habana, 18 de febrero 2010, (PD) Los días 9 y  10 de febrero, el canal 23 de Miami a bombo y platillo anunciaba MUERTE EN LA HABANA. No sospechaba que se trataba de “Carnicero”, un documental facturado por el MININT cubano para sus propios miembros, especialmente para los que trabajan en la rama de la criminología.

 

 Agradezco al canal 23 la mucha información que me aportan sus noticieros cuando voy a la casa de un amigo. Pero el material “Carnicero”  pude verlo hace tiempo en la casa del amigo. No me gusta la manipulación cuando hay tantas omisiones. La principal omisión es no haber dicho que este hecho desagradable ocurrió el 20 de septiembre del año 2006 y toda La Habana se enteró por Radio Bemba. Como ese material el canal 23 no lo presentó en su totalidad, sino con trocitos que nada aportan como información, considero que el marco de un noticiero no es el apropiado, sino otros espacios televisivos que existen en Miami. Si el motivo es porque el canal ahora es cuando recibe este material, no justifica que  hablen de él como si se tratara de La Habana de ahora mismo. Una cosa es agua pasada, historia, y otra bien distinta la información caliente, terminada de salir del horno de la realidad como pan fresco.

 

Ahora recuerdo que en el año 1998 la dirección de CubaNet se reunió en New York para llegar a la conclusión de que la prensa independiente cubana no estaba generando noticias desde Cuba. Esta información la supe por el periodista independiente Ricardo González Alfonso, que actualmente cumple una condena de 20 años de prisión por ejercer su trabajo de comunicador sin autorización del gobierno cubano. Recuerdo que le dije a Ricardo que  preguntara a nuestros patrocinadores “que si ellos lo que querían era que fuéramos nosotros los que colocáramos la bomba, nos alejáramos, la hiciéramos estallar, y luego nos presentáramos en el lugar para reportar el hecho”.

 

 Si el canal 23  atraviesa, sobre el caso cubano, una crisis de la información, me solidarizo con ellos. A mí también, a veces, me cuesta mucho trabajo encontrar información tan fresca como el pan recién acabado de salir del horno.

 

No niego que en la Habana no existan hechos que van más allá de lo delincuencial para alcanzar el estatus de criminalidad. Pero el periodismo tiene sus reglas y hay que aceptarlas por respeto al público.

 

Es imposible negar, aunque uno no disponga de esa presunta información, que de cuando en cuando haya asesinatos en nuestro país, principalmente en Ciudad de La Habana. Pero no estoy de acuerdo que el canal 23 manipule a los televidentes al hacerles creer, con un resofrito que ocurrió hace 4 años, que en la Habana actual reinan el crimen y el asesinato como en  Miami City donde, dicho por el propio canal 23, todos los días hay un asesinato, un asalto a mano armada, una madre que le da de puñaladas a sus dos hijos, unos amiguitos que le echan gasolina a otro amiguito y le dan candela, y atrocidades que sólo se ven en las películas.

 

No negamos que la delincuencia, con el visto bueno de las autoridades o sin él, tolere que ya existan pequeños clanes a los que todavía no se les puede calificar de mafia, pues la única mafia reconocida que existe en Cuba es la del propio gobierno como por ejemplo cuando masacraron a 72 personas que huían de Cuba en el remolcador “13 de marzo” un 13 de julio del año 1994, y donde murieron y se perdieron en el mar 20 niños y demás adultos y han pasado los años y los que participaron en el genocidio con cañones de agua aun no han sido juzgados.

 

 En los países “democráticos” es la propia policía la que está en contacto con los canales de televisión, periódicos, revistas. Aquí en Cuba nosotros no tenemos contacto con la policía para que nos ofrezca la primicia a los periodistas independientes o a los periodistas oficiales. Nosotros nos enteramos de los crímenes y asesinatos cuando ya pasaron semanas y meses. O porque uno de nuestros periodistas independientes u opositores amigos se enteran de primera mano porque viven en el mismo barrio.

 

Nuestra prensa ha reportado suicidios, asesinatos, defenestraciones, pero son pocas en comparación a ciudades como Miami o Ciudad Juárez, donde ahora mismo el crimen organizado  prácticamente sostiene una guerra civil con el gobierno mexicano, gobierno  en el que no confiamos, pues a veces nos acordamos del gobierno corrompido de Italia, donde los verdaderos capos de la droga son los mismos políticos que representan al pueblo.

 

En Cuba no existirá la libertad de prensa y tendremos carencia, pero hay tranquilidad ciudadana, no porque los cubanos sean mejores seres humanos que el de otras latitudes, sino porque la tranquilidad ciudadana es un desprendimiento inevitable de los sistemas de gobierno totalitario donde el Estado no  permite a nadie ejercer su libertad individual.  En el caso de los EEUU,  una ley fundamental, promulgada por los Padres Fundadores de esa nación, reconoce y  concede a todos los individuos el derecho a portar armas de fuego.

 

Personalmente, y de modo reciente y reiterado, he deambulado por las calles del viejo cascarón de la Habana Vieja y zonas de Centro Habana en horas de la madrugada y jamás he sido acosado o perseguido por presuntos asesinos o delincuentes que sé tienen que existir.  Lo que he visto es una ciudad desolada y más silenciosa que un cementerio donde uno ni siquiera tiene la suerte de encontrarse con un muerto que salga de su tumba.

 

Durante las 24 horas del día sí he sido testigo del hostigamiento que la policía uniformada de la PNR somete a la población más joven, donde podrían estar los supuestos delincuentes y asesinos. En algunos momentos es como una violación de los Derechos Humanos, pues  piden identificación a las personas aun cuando éstas no  cometan ningún delito.

 

Es posible (y muy probable) que cuando la dinastía de los hermanos Castro desaparezca, la tasa de muerte por criminalidad aumente en Cuba, pero por ahora, el rigor de nuestra prisión social no permite que el índice de criminalidad sea comparable al de los EEUU y demás países de Latinoamérica.

 

No soy libre y estoy luchando por la libertad, pero no me gusta el capitalismo salvaje y brutal donde la libertad constantemente es  confundida con el libertinaje. Siempre apostaré, independientemente de las circunstancias que le aguarden a Cuba en el futuro, por un sistema político donde lo mejor de ambos sistemas: totalitarismo de estado y capitalismo salvaje y brutal, sean utilizados para construir un sistema político mejor que, según tengo entendido, es lo que más se parece a lo que hoy se conoce como la Social Democracia.

 

Quiero para Cuba tranquilidad ciudadana, salud pública al alcance de todos, libertad de expresión, igualdad de derechos sin distinción de género, raza, religión, orientación sexual, y responsabilidad ciudadana. Y que jamás la libertad se confunda con el caos.

ramon597@correodecuba.cu

 








A la izquierda víctima descuartizada,  v
ictimario descuartizador. (cortesía de nuestra fuente)


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