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CAÑONES EN LA CALLE

Guanajay, Habana, 11 de febrero de 2010, (PD)  Las diferencias socioeconómicas entre blancos y negros engendradas por el coloniaje, fueron heredadas y profundizadas profusamente por “la república mediatizada”. Tales diferencias sobrevivieron y se reprodujeron  después de triunfar una revolución  que arrasó de cuajo con la propiedad privada  y que por efecto dominó, truncó la libertad de expresión  y los derechos ciudadanos, e impuso el control a través del Partido Comunista, el único con voz y mando en las sociedades cerradas.

 

 El negro, en apariencia, fue beneficiado a la par que perdía buena parte de su participación ciudadana como núcleo fundacional de la sociedad cubana y siguió discriminado por su color de piel y una enraizada mentalidad esclavista de inferioridad genética. Vio reducido  de manera vergonzante su por ciento en puestos claves de la política, ya que aunque constitucionalmente tenga los mismos derechos, la Constitución misma lo disminuye y segrega cuando por medio de ella se cabildea y se hace inconmovible con pretextos de asimilaciones ideológicas que nada tienen que ver con su realidad.

 

La herencia revolucionaria también es machismo y segregación por color de la piel. Pero el compromiso contraído con el pueblo la obliga, histórica y moralmente, a la permanente valoración y ejecución en favor de los postulados que tan ufanamente hizo públicos antes y después del triunfo revolucionario.

 

Lo que en los últimos años se ha dado en llamar acción afirmativa, en Cuba cae en saco roto con  respecto al avance del negro dentro de la sociedad.  No pasa de la cháchara y el debate infecundo  en cerrados círculos de intelectuales a los que algún que otro representante del régimen se llega de vez en cuando  para advertir que algo se  hace al respecto.

 

Rescatar la tradición de lucha del negro y dignificarlo es una actitud de amor al prójimo y a quienes más se han sacrificado por la patria, incluso desde su condición de esclavo.  En toda esta lucha, el afrocubano jamás ha sido renuente, pero nunca ha ocupado, como le corresponde, el justo reconocimiento que su altruismo merece.

 

Hay muchos negros que han sido despedidos de forma abusiva  de sus centros laborales  porque han dicho  públicamente de las estafas, desvío y corrupción de quienes los administran. Rescatarlos y llevar a juicio a estos depredadores del bienestar colectivo es una obligación del régimen.  La miseria a la que han sido llevados provoca  el malestar y el rechazo al sistema. Un sentimiento reprimido, lastrado por la injusticia y el racismo, es más peligroso que enseñarle los cañones con los que pueden ser acribillados, si cansados de lo mismo, deciden protestar por lo que les corresponde.

makandalmm@yahoo.com  


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