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EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Santa Fe,  La Habana, (PD) Los comunistas de mi país gustan tan poco del progreso, que cuando menos lo esperamos, salen desafiantes a maldecir a cuanto científico capitalista inventa algo.

 

El año pasado, en sus recontra publicadas reflexiones en los medios de comunicación, Fidel Castro atacó a esos expertos en inteligencias del mundo capitalista que inventan los más sofisticados robots con el fin de sustituir a soldados humanos en las guerras.

 

Por estos días, un destacado periodista de Granma, órgano oficial del régimen, escribió un artículo titulado ¨¡Qué triste!¨, sobre los robots sexuales, y calificó de verdadero desatino la industria que se dedica a la fabricación de muñecos de silicona con apariencia humana, que no hacen daño alguno al hombre, sino todo lo contrario: contribuyen a proporcionarle felicidad.

 

Si recordamos la pésima calidad de los productos industriales que padeció el extinto campo socialista, con sus pomos de compotas imposibles de abrir, sus latas búlgaras de col incomibles bañadas en agua, tanta chatarra que nos enviaron -dicho por el Comandante en Jefe- y si vemos la incapacidad, al cabo de 50 años, de producir bienes materiales con calidad en la Cuba de hoy, por supuesto que es lógico que se critique el alto desarrollo de la ingeniería bajo regímenes capitalistas como Estados Unidos, Japón, Alemania, etc.

 

Es triste, muy triste, que tengamos que decir que en Cuba ni siquiera exista una empresa que produzca muñecas de trapo para que las niñas jueguen y sean felices.

 

Al colega comunista le molesta que la producción de robots tenga una demanda millonaria en el mundo, que hoy sea una industria altamente competitiva y que vendan muñecos sexuales desde 500 a 35 mil dólares.

 

Estas mujeres y hombres de silicona, hasta pueden fabricarse de acuerdo al parecido físico de un amor prohibido o perdido por el tiempo. Son productos, no hay duda, de una industria altamente calificada por expertos ingenieros como David Levy, Henrik Christensen, Douglas Hines y muchos otros.

 

Una Love Dolls, por ejemplo, es capaz de proporcionar placer sexual y además no exige nada, no tienen criterio propio, nunca rechazan los deseos masculinos y sobre todo, guardan silencio cuando más falta hace.

 

Paradójicamente, para un comunista que cree tener siempre la razón de su lado, resultaría la mujer ideal.

 

Pero no, las casas productoras de estos robots, que se encuentran en Estados Unidos y Japón, caen mal a los comunistas cubanos. Ni siquiera están de acuerdo con que Francia y Hungría los fabriquen más baratos, para el bolsillo de los trabajadores.

 

El colega granmense se pregunta, algo sorprendido, por qué aumenta en el mundo el número de personas que se refugian en estos robots, a los que llama ¨ juguetes sexuales ¨.

A continuación lo atribuye al aislamiento de la vida moderna, el temor a relacionarse, a contraer enfermedades, a ser rechazado, al interés de quitarse de encima problemas domésticos…

 

Yo no haría ningún análisis, ni profundo ni superficial. No creo que se trata de  “clientes en picada hacia el destierro de los sentimientos”, como nos quiere hacer ver el colega oficialista, sino todo lo contrario, porque en una sociedad libre, cualquiera puede escoger no sólo a su presidente, sino también preferir un muñeco de goma a un ser de carne y hueso, en busca de la felicidad.

vlamagre@yahoo.com


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