Osmar Laffita Rojas
Reside en La Habana. Se ocupa de las Relaciones Internacionales del Partido Solidaridad Democrática. ramsetghandi@yahoo.com
LAS TRIBULACIONES DE CARLOS VARELA
- Por Osmar Laffita Rojas
- Publicado 19/02/2010
Capdevila, La Habana, febrero 18 de 2010 (PD) La conducta no esperada de una persona de relevancia pública, provoca en sus admiradores perplejidad. Aún es poco lo que se conoce referido al espíritu y los complicados procesos mentales. Todavía hay zonas en la psiquis humana que continúan envueltas en la penumbra y la incertidumbre.
¿Que pasa si de momento encuentras a un cantautor que asume posturas que reniegan de todo aquello que fue su razón de existir y por lo cual se buscó el odio y el ostracismo? Su repentino arrepentimiento provoca entre los que lo admiraban asombro e indignación, porque era su referente de todo lo contrario a lo que representara conservadurismo.
Este es el caso de Carlos Varela, que tal parece que olvidó que los años 90 del siglo pasado fueron su decenio de penumbras y ostracismo, en que era rechazado e ignorado por la burocracia del Ministerio de Cultura, por ser un artista que molestaba, que no respondía a los cánones y dogmas panfletarios establecidos.
Su pecado consistió en canciones como “Guillermo Tell”, “Jalisco Park” y “Como los peces”. En otra de ellas, se enorgullecía de ser un leñador, aunque en el bosque de la comarca del Rey no hubiera árboles. Todas iban dirigidas a barrer el desencanto que atrapaba a una generación desilusionada y sin futuro. Las letras de sus canciones criticaban lo que merecía ser criticado.
Alejado de todo lo que oliera a cultura oficial, sus admiradores tenían que mirar para todos los lados y luego en voz baja mencionar “Carlos Varela”. Su nombre en aquellos momentos lo asociaban al trovador que no tenia temor en decir las verdades que otros silenciaban.
Sus canciones provocaban una especie de purificación espiritual, donde se liberaban los sentimientos reprimidos. Se generaba una especia de complicidad entre él y los asistentes a sus conciertos que buscaban desesperadamente los mensajes que encerraban sus letras, que les permitía liberar lo que permanecía encerrado y reprimido en sus corazones por el miedo reinante.
Ahora resulta que el trovador de mil batallas, el excluido, el renegado, el hereje, el cantante de la generación desencantada, se olvida de esa hermosa historia de dignidad e independencia. Para asombro de muchos, Varela camina sobre esas hermosas páginas que en un día tan dignamente escribió y se convierte en un dócil alabardero de los que durante años le dieron la espalda y lo sepultaron en el silencio y el desprecio más enfermizo.
Carlos Varela, durante su breve estancia en Washington, a una pregunta formulada por un periodista, la emprendió contra la multipremiada bloguera Yoani Sánchez. Sus opiniones aparecieron en la página digital “Cuba Debate”. Precisamente fue en este portal del gobierno cubano que en los meses de noviembre y diciembre de 2009, se colgaron varios artículos, cuyo fin no era otro que desacreditar a la bloguera mediante las más infames acusaciones y las mentiras más burdas y grotescas.
Ahora, olvidado de todo lo que le hicieron, Carlos Varela, para alegría de los que durante años lo mantuvieron en el total silencio, se une al desafinado coro de insultos y de ataques contra una mujer cuyo único delito es dar a conocer las verdades que el régimen cubano deliberadamente oculta, manipula y tergiversa.
Carlos Varela se apena y conduele porque cinco espías cubanos hayan sido condenados en los Estados Unidos y sumándose al coro propagandístico de las autoridades cubanas, lo cataloga como “un acto de injusticia incalificable”. Pero los 201 presos políticos que purgan largas e injustas condenas en las ergástulas del régimen por el solo delito de condenar la ausencia de libertades y derechos de todo tipo en Cuba, sumados a los 50 luchadores prodemocráticos que llevan meses en prisión en espera de juicio, para Varela no cuentan. Varela no se ha dado por enterado que ellos existen.
Ante tales desmanes y atropellos, de los cuales en su oportunidad él también fue víctima, parece que olvidó que el régimen que hoy defiende fue precisamente el que lo mantuvo durante mucho tiempo sumido en la más profunda oscuridad. Ahora resulta que lo ocurrido fueron sólo pequeñas escaramuzas, por eso optó impúdicamente por callar y convertirse en cómplice. Aunque reconozca (al menos le queda valor para eso) que sus canciones críticas a veces las pasan por la radio y a veces (la mayoría) no.