UN EFECTO SIMILAR A LA DROGA
- Por Frank Cosme
- Publicado 19/02/2010
Santos Suárez,
En una sola década del siglo XXI ha continuado el desarrollo de la red de redes para proporcionar a la humanidad un nuevo poder: el de la información. Por citar un ejemplo práctico: un investigador que posea una computadora puede acceder por internet a cualquier biblioteca del mundo y buscar todos los datos que necesite para un estudio de cualquier índole sin tener que viajar a un país determinado y permanecer semanas o meses con sus consiguientes gastos.
En su libro de1999, La gran ruptura, el economista y politólogo Francis Fukuyama afirma que “los países desarrollados han pasado de ser una sociedad industrial a una sociedad de la informática. El conocimiento ha reemplazado la producción masiva como base de la riqueza, el poder y la interacción social.”
Sin restar mérito a esta afirmación, pues estoy en una buena parte de acuerdo, hay que recordar que existen otros poderes que surgieron desde que la humanidad comenzó a multiplicarse y poblar este mundo. Esos poderes han estado latentes desde esos tiempos y se han seguido manifestando. Me refiero al poder que tienen algunas personas por su condición de adinerados, gobernantes o famosos.
Estudios recientes realizados por el sociólogo británico Michael Mann, de
No hay que ser muy duchos en la materia cuando leemos un simpático pero a la vez muy crítico poema publicado en la época dorada de la literatura castellana. Su solo título lo dice todo: “Poderoso caballero es Don Dinero”.
O este otro de la sabiduría popular cubana un poco con doble sentido y un tanto musical: “Si Tín no tiene, Tín no vale; si Tín tiene, Tín vale.”
Curioso es que los modernos investigadores redescubran lo que ya se sabía y ha percibido el ser humano desde siempre.
Dice la socióloga de
Tal vez sea una sorpresa para algunos, pero cuando uno se adentra en la historia mundial se percibe que la gran mayoría de los líderes han sido de la clase adinerada. Aquí en América hay por lo menos tres que han sido excepciones, Lincoln que fue leñador, Juárez que además de pobre fue el primer indio en llegar a presidente, y Martí hijo de un soldado. Desde luego, hablamos de líderes verdaderamente demócratas, ya sean ricos o pobres. Pero lo positivamente cierto es que la mayoría se agrupa alrededor del que más posee. De todo esto se desprende por mera lógica que la política está ligada al poder económico desde que el mundo es mundo.
En el siglo XIV, Nicolás Maquiavelo, en su obra El Príncipe, expuso muy certeramente el comportamiento humano alrededor de este tema. La mayoría de los historiadores lo consideran el autor intelectual de la dictadura y el totalitarismo. Sin tener esas luces, mi modesta opinión va en sentido contrario. Al leer El Príncipe se resume en una especie de manual todo lo que se ha escrito, se escribe o se escribirá sobre el poder. Es un manual para identificar inmediatamente a un dictador si se lee cuidadosamente de atrás hacia delante. Después de leer el Príncipe, están de más todas las modernas investigaciones acerca del Poder. Sólo que estas deben hacerse, porque por supuesto los investigadores tienen que comer.
La historia de las antiguas monarquías demostró que hay un momento en que tras muchos años en el poder, este tiende a corromper. El caso tal vez más notable fue el de Luis XIV, el Rey Sol. Su original frase “el estado soy yo” dejó bien claro para la posteridad que gentes como él consideran el Poder un derecho otorgado personalmente por Dios…o el diablo.
En cuanto a las repúblicas fundadas después que cayeron los reyes, demostraron que la historia se repite. Napoleón sustituyó la constitución y se hizo nombrar Emperador. De él es la frase: Para ganar una guerra hace falta tres cosas; dinero, dinero, y más dinero.
De esta parte del Atlántico se puede hacer un catálogo de dictadores nación por nación en la que quizás nuestro país se lleve el Oscar, pues en 108 años de República hemos estado mucho más de la mitad bajo el poder de estos reyes soles tropicales.
Hasta los E.U. si no hubieran andado piano hubieran caído en lo mismo. John Adams, segundo presidente de esa nación, por muchos años olvidado, logró tras azarosa lucha que el Congreso aprobara sólo dos períodos presidenciales de 4 años, lo que se ha cumplido hasta hoy.
Los síntomas del poder se notan enseguida. Quien lo tiene siempre quiere más. El poder causa un efecto similar a la droga.
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