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EL QUE DA A PEDIR SE QUEDA

Santa Fe, La Habana, marzo 4 de 2010 (PD) En cierta ocasión, la periodista Marta Rojas llamó “gestos que muestran la delicada ternura del Comandante Fidel Castro” a los regalos que hace. Gestos que no cuestan centavos al pueblo, como por ejemplo, centrales azucareros, aeropuertos, hospitales, escuelas, toneladas de alimentos, obras de arte confiscadas en residencias privadas, pinturas del Museo de Bellas Artes, los mejores tabacos habanos y lo más valioso, mano de obra barata perteneciente a un país subdesarrollado al máximo.

La Biblioteca Nacional, por ejemplo, por órdenes del Comandante, ha hecho importantes donaciones a diversos países, de los cuales pueden citarse documentos de gran valor histórico y libros raros o incunables.

Regaló en una ocasión las cartas escritas por Catalina II a su amante, el mariscal de campo ruso Alexándrovich Potemkín, el diario secreto de José María Vargas Vila, escritor colombiano y muchos documentos más.

Pero lo que más llama la atención de todos los regalos que ha hecho el Comandante son las tinas de helado Coppelia que le envió en muchas ocasiones al líder Ho Chi Minh durante la guerra entre el Norte y el Sur de la nación vietnamita, en aviones fletados expresamente para esos regalos, según la prensa oficialista, porque al viejo Ho le encantaban los helados hechos con frutas cubanas como la guayaba, el mamey y la fruta bomba. El gasto que ocasionaban estos envíos por avión, que recorrían largas distancias hasta llegar a Hanoi y hacían escalas en varios países, no fue poco. Eran los años, no lo olvidemos, en que todo se derrochaba, sobre todo el petróleo soviético.

Junto con el helado de varios sabores, producido en La Habana, también el Comandante obsequió a Ho Chi Minh ranas toro vivas, preocupado por su alimentación durante la guerra. Dicen que numerosos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas se dieron a la tarea de cazar a estas gordas ranas hembras para deleite del tío Ho, a quien le encantaron.

Hoy, al cabo de 52 años de Revolución castrista, es Viet Nam el país que nos envía alimentos industriales y que nos ha enseñado a producir arroz para evitar su importación, aunque no se haya logrado jamás.

Nuestros helados Coppelia no han viajado más en avión. Sencillamente han perdido prestigio porque perdieron su buena calidad. Ni siquiera la heladería principal, situada en la esquina de las calles 23 y L del Vedado habanero dispone de su antigua variedad de sabores hechos con frutas cubanas. Las frutas han desaparecido de los campos.
Las reservas importantes de libros y documentos de la Biblioteca Nacional José Martí están en crisis. Queda muy poco para regalar a países hermanos o amigos.
Recordando ese viejo refrán que dice: “el que da, a pedir se queda”, ahora no sólo esperamos por los Pastores por la Paz, que nos traen cada año artículos de primera necesidad, sino lo más importante, los mil millones de dólares de las remesas que llegan de Estados Unidos como ayuda familiar.
vlamagre@yahoo.com

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