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MÚSICA CUBANA Y TECNOLOGÍA

Mantilla, La Habana, 8 de abril de 2010, (PD-FLE*) Las relaciones entre la música cubana y el desarrollo de la tecnología del disco, la radio y la televisión son tan estrechos que se confunden. Pero hoy mismo se habla de la evolución de la música en Cuba sin tomar en cuenta el factor tecnológico.

Unido a los mencionados, hay que sumar el aspecto comercial por la importancia que tuvo la intervención de las empresas radiales, disqueras y teledifusoras en la isla.

Ignoro si fue expresado con intención de minimizar o relativizar una gran verdad, pero la idea de que Cuba era un laboratorio tecnológico de los Estados Unidos no deja de pecar como excéntrica. Si bien es cierto que los adelantos tecnológicos implantados en el Norte se instalaban en breve tiempo en Cuba, también su introducción constituye un mérito evidente de los empresarios cubanos o de hombres que se interesaron en el empleo de tecnologías avanzadas para lograr el éxito comercial.

Humberto Giquel fue el primero en transmitir música por radio con instrumentos y aparatos artesanales, auxiliado por su familia y desde su casa. Luís Casas Romero, músico, compositor y director de bandas de música, perteneciente al Ejército Nacional con grado de teniente, con pocos recursos además, transmitió emisiones regularmente desde el año 1922, por lo que se le considera el padre de la radio cubana.

Ya Casas Romero hacía regulares transmisiones nocturnas cuando el 10 de octubre de 1922 se inaugura oficialmente la radiodifusión cubana con un discurso del presidente Alfredo Zayas. La PWX transmitió desde el inicio música cubana. En el programa inaugural, estuvieron los cantantes Rita Montaner y Mario Meléndez, el violinista Joaquín Molina y la pianista Matilde González de Molina. También, Lola y Néstor de la Torre, vocalistas, debutaron en el nuevo medio para ser los primeros artistas que actuaron por la radio nacional.

A partir de esa fecha, las emisiones musicales son el plato fuerte de la flamante radio cubana. Guarachas, criollas, danzones, boleros y sones interpretados por vocalistas, conjuntos y orquestas anunciados por locutores con voz altisonante dan a conocer al público los nombres de músicos relevantes en la historia musical cubana del siglo XX.

A causa de la crisis del 1929, el consecuente cierre de teatros dejó a muchos músicos en la calle. Junto a lo anterior, el desarrollo de las posibilidades de comunicación radial por hilos telefónicos se amplió y las empresas radiofónicas incrementaron el personal artístico por necesidades de ampliación del horario de transmisiones.

Años más tarde, la radio incluyó las emisiones de novelas –la otra columna de la radio cubana- para asentar un género que haría no menos historia. No obstante, las emisiones musicales no decayeron.

La denominada década de oro de la música cubana, los años 40 del siglo XX, encontró en la radiodifusión y la competencia comercial entre RHC Cadena Azul y CMQ principalmente, los acicates imprescindibles para que proliferaran orquestas, cantantes, ritmos y compositores.
Numerosas emisiones musicales transmitidas por más de un centenar de emisoras radiales extendidas por todo el territorio nacional, sujetas solamente al éxito comercial, empujadas por la competencia a veces feroz, crearon una radio audiencia ávida de música.

Nada ajeno a este proceso fue el vertiginoso desarrollo de una sociedad de consumo en la isla que cada vez demandaba más y más productos musicales en el mercado radiodifusor. Así, con la conjunción de todos estos factores, se obtuvieron tales resultados.

En los años 50, la televisión entró a tomar parte en este proceso. Un medio al que se la ha dado todo el reconocimiento merecido, más no se ha enfatizado la importancia de la proliferación de un aparato mecánico que cubrió toda la isla durante la misma época: la victrola.

El apogeo de la victrola y el correspondiente aporte de ella a la propagación de la música cubana en ese período no se tienen muy en cuenta. La victrola tuvo un antecedente en los rollos de cartulina horadados de los órganos y pianos mecánicos.
La victrola contribuyó también en cierto modo al desarrollo de una industria disquera cubana. Sellos disqueros cubanos como Panart, Puchito, Gema y otros menores dieron a conocer a muchos cantantes cubanos de la época. No se puede hablar seriamente del bolero en Cuba en los años 50 sin aludir a ellos y al soporte imprescindible que encontraron en las victrolas instaladas en bares y bodegas por todo el país.

Evidentemente, la música cubana llenaba las calles de las ciudades y sus barrios y los artistas que la producían eran conocidos gracias a la cadena de radios, televisoras y victrolas que los difundían. El apogeo de la música cubana en el siglo XX estuvo indisolublemente unido al desarrollo tecnológico de los soportes que sirvieron como vehículo de ella.
garvecu@yahoo.com

*Fundación para la Libertad de Expresión

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