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EL SILENCIO CULPABLE

Rancho Boyeros, La Habana, 8 de abril de 2010, (PD) Una vez más el día mundial contra la discriminación (21 de marzo) pasó en Cuba sin la atención oficial o mediática que la conmemoración merece. Sólo espacios académicos como el Centro de Investigación “Juan Marinello” y la organización cívica Cofradía de la Negritud realizaron sendos encuentros en el que participamos unas pocas decenas de interesados en un tema que reviste trascendental importancia local y global.

Esta fecha, escogida por Naciones Unidas para recordar una masacre perpetrada por el afortunadamente erradicado sistema del Apartheid en África del Sur, convoca cada año las voluntades y los esfuerzos de los seres humanos con vocación de justicia para enfrentar las más variadas formas de discriminación.

Como es fácil imaginar, la discriminación étnico-racial constituye uno de los más complejos retos que enfrenta la humanidad en su azaroso andar hacia el ideal de convivencia armónica y civilizada. La fecha señalada constituye sin dudas un momento crucial en la batalla que libran todas las personas comprometidas con la lucha a favor de la igualdad y la dignidad sin distinciones degradantes.

El gobierno cubano, siempre que tiene oportunidad o las circunstancias lo obligan, se da golpes de pecho para reafirmar su supuesto anti-racismo; sin embargo, una vez más ha perdido la oportunidad de promover la atención y conmemoración que el asunto merece.

Ni siquiera la Comisión contra la Discriminación, recién establecida a instancias del gobierno para encargarse del tema, realizó alguna acción relacionada con la conmemoración. Durante el mencionado debate del Centro Juan Marinello, el mismísimo presidente de la flamante Comisión no se dignó a tomar la palabra para hacer referencia a los criterios y cuestionamientos que allí se expusieron.

¿Acaso las autoridades no saben como abordar el espinoso tema? ¿Acaso temen enfrentar la cruda realidad que solo ellos parecen no advertir y su propia responsabilidad histórica?

En el encuentro del Centro Juan Marinello varios participantes reiteraron la generalizada preocupación por el carácter limitado y cerrado de estos debates que continúan sin tener la necesaria repercusión social. No pocas intervenciones se refirieron a la reiterada e infructuosa exigencia de realizar las transformaciones culturales educacionales, mediáticas, estructurales y metodológicas que impulsen una redimensión de nuestras percepciones y referencias culturales históricamente atrofiadas sobre las relaciones interraciales en Cuba.

El representante del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Cuba, José Juan Ortiz, a la sazón uno de los panelistas, después de declararse comunista y ferviente admirador del sistema cubano, reitero su crítica cariñosa acerca de la ausencia de representantes oficiales de la Isla en las dinámicas continentales de enfrentamiento al lastre de la discriminación racial.

Por su parte el doctor Esteban Morales, destacado intelectual oficialista, al presentar la hipótesis de su ensayo número 18 sobre el tema calificó como “un error de idealismo” que el alto liderazgo de la revolución en 1962 diera por eliminada la discriminación racial y describe a la Cuba de hoy como una sociedad de hegemonía blanca.

El destacado investigador vuelve a perder de vista que la gran culpa histórica del gobierno cubano es haber dado por resuelto, desde arriba, un problema de profunda connotación social que no ha podido ser solucionado en ningún rincón del planeta. De “error de idealismo” pueden calificarse las trasnochadas gratuidades impuestas en la década de los sesenta, pero como todos sabemos fueron rectificadas con creces. El idealismo no llevó a eliminar la policía ni el sistema judicial, aunque la tontería revolucionaria haya llegado a decir que el socialismo no era generador de delito. Solo se eliminó el debate, los espacios cívicos y la consecuente atención al problema racial.

Debemos aceptar que nuestro problema no radica en una simple hegemonía blanca, si no que vivimos en una sociedad mestiza profundamente racista, donde los patrones y referencias están encaminados menospreciar la imagen e identidad de los afrodescendientes e invisibilizar o manipular sus aportes a la historia y la cultura nacional.

Esos patrones discriminatorios llegan incluso al extremo de hacer impunes las manifestaciones concretas de racismo como esa cotidiana represión policial callejera o el testimonio de la ciudadana que, en el encuentro patrocinado por la Cofradía de la Negritud, relató el caso de discriminación laboral de que ha sido victima, sin que ninguna instancia gubernamental o política haya podido dar respuesta satisfactoria a su justo reclamo.

Cuba es un país donde la posesión de divisas pasó en una tarde de constituir un delito a ser la única fuente de bienestar, donde en una sola noche los exiliados cubanos se transformaron de gusanos miserables en la comunidad cubana en el exterior, donde a pesar del machismo y la homofobia tradicional, la sola determinación de un miembro de la familia gobernante ha convertido la diversidad sexual en una actitud políticamente correcta y donde un buen día los religiosos podían convertirse en revolucionarios y viceversa.

Sin embargo los intelectuales cuyo reclamo no logra salir de los aislados espacios de discusión y los ciudadanos cuyas inquietudes no alcanzan resonancia pública, aprecian con profundo dolor como pasan los años sin que se realicen las adecuaciones culturales y educacionales destinadas a colocar en justo lugar las percepciones sobre las relaciones interraciales en Cuba. La conmemoración pasada ha sido otra oportunidad perdida para las autoridades cubanas

Aun no se aborda nuestra realidad pasada y presente con la valentía, honestidad y responsabilidad que merece, no para derrumbar nada sino para situar a los negros cubanos y al racismo en el lugar que les corresponde en nuestro devenir como nación. Sin ello no podremos saber quienes fuimos en realidad ni construir la convivencia equilibrada y sin exclusiones que tan largamente hemos soñado.
elical2004@yahoo.es

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