Hildebrando Chaviano Montes
Abogado, encargado de Relaciones Públicas del Movimiento de integración racial Juan Alberto Gómez. Miembro de la Corriente Agramonista de Abogados Independientes. hildebrando.chaviano@yahoo.com http://hchaviano5.blogspot,com http://www.twitter.com/@hildebrandoch
OTRO ANIVERSARIO
- Por Hildebrando Chaviano Montes
- Publicado 16/04/2010
Un grupo de ancianos reacios a abandonar el poder pretende seguir manipulando cada generación de cubanos a la que se enfrenta y para lograrlo utilizan el mismo discurso que nos ha traído hasta aquí, como los caballeros de la Mesa Redonda (la de Arturo, no la de Fidel), en busca del Santo Grial, pero sin honor.
No hay reconciliación a ojos vista, ni el desarrollo ni las libertades de las que se hablaba en La Historia me Absolverá. El fundamentalismo castrista ha sumido a Cuba en la miseria, el odio y el miedo, el engaño como política de estado, la represión como filosofía y la apatía, la frustración y la impotencia como resultado final.
Podrán culpar del desastre económico y financiero a cualquier enemigo que les venga a mano, podrán justificar la represión más brutal con la necesidad de “defenderse”, pero ya se hace la luz sobre el caso cubano. La incompetencia demencial de los máximos dirigentes de la revolución y la demostrada inviabilidad del sistema político-económico escogido, son las razones que han traído estos resultados.
La revolución cubana murió en los paredones de fusilamiento, padeció y aún padece en las prisiones, abandonó el país por Camarioca, por el Mariel, por cualquier parte, en balsas, aviones, yates o lo que sea. A la revolución cubana la liquidaron sus líderes sordos. Es posible que se las arreglen para seguir ahí, decrépitamente obcecados con el poder, mientras que una nueva hornada de jóvenes entre atemorizados, engañados y oportunistas les hace el juego, pero lo que sí es seguro, es que mientras continúe este experimento diabólico, en nuestra patria no habrá paz ni desarrollo económico y cada vez más nos convertiremos en una nueva Haití, eso sí, con muchos médicos, para morirnos de hambre llenos de salud.
Caricatura de Ilei Urrutia
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