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ENDULZAR EL ESTALINISMO

Habana Vieja, La Habana, 15 de abril de 2010, (PD) La cita es para el próximo 28 de abril frente a la sede del Parlamento Europeo. Desde ahora se ensayan las consignas elaboradas con el filo romo de la hoz y la desgastada superficie del martillo.

También se alistan los cartelones con las denuncias teñidas de nostalgia y perversas incondicionalidades, las pancartas con el rostro del Che Guevara y la afinación del coro que impregnará el aire de Bruselas con el triste sonido de la insensatez.

Para ese día es que ha sido programada la protesta que lleva por nombre: Campaña de Movilización en Apoyo a Cuba.

Sus organizadores siguen aferrados al mito de la revolución cubana. Creen, a ciegas, en las verdades barnizadas con el color de los discursos románticos y en las misiones humanitarias reservadas para mantener el tono ideal de una dramaturgia que busca mostrar el mejor ángulo de una tiranía de orejas peludas y colmillos, como todas las que han pasado por las pasarelas de la historia.

Otra vez se vuelve a confundir el concepto de nación con la polvorienta iconografía de un partido que ha sembrado el fracaso en todas las ranuras del tiempo y en cada espacio del territorio nacional.

No importan los matices de una realidad compleja. Basta una traducción simple del contexto para determinar que Cuba, bajo el influjo del totalitarismo, es un país modelo, un paradigma a imitar por sus vecinos del Tercer Mundo.

Así piensan esas huestes que baten palmas y suspiran de felicidad ante un sistema sustentado sobre premisas demasiado contradictorias para llegar a la viabilidad y a otros de los puertos más excelsos del éxito.

Esas personas que se desdoblarán en vehementes defensores del socialismo insular el venidero 28 de abril, ¿sabrán algo de su papel como cómplices en un crimen que se comete tras las cortinas del altruismo, el humo de la unanimidad popular y el ruido ensordecedor de una propaganda que oculta los gruñidos del odio y la crueldad?

Es cierto que bajo el cielo de este mundo existen otros infiernos de mayor relevancia, pero a riesgo de ser redundante, es oportuno insistir que Cuba no es ese país modélico que flota en las mentes de esos hombres y mujeres listos a manifestar su repulsa hacia los legisladores europeos por criticar la deteriorada situación de los derechos humanos en la Isla.

Precisamente, esas solidaridades, esos aplausos enfebrecidos, esos diligentes favores, han servido y sirven para poner sobre las víctimas del poder absoluto otras capas de olvido.

No podría distinguir desde este rincón de La Habana, si lo que ocurrirá el día 28 frente al europarlamento, empalme con la espontaneidad o con el cinismo. Lo que sí puedo corroborar es que el régimen que gobierna en Cuba ha llenado el país de prisiones, improductividad, amoralidades, odios, recelos, pérdida del sentido de pertenencia, ignorancia, además de compulsar a los ciudadanos a irse definitivamente. Para que se tenga una idea de este fenómeno basta conocer que en los últimos 15 años se han marchado del país no menos de 300 000 cubanos.

Quisiera terminar con una pregunta dirigida al académico italiano Luciano Vasapollo, uno de los propulsores de la iniciativa en apoyo al gobierno cubano: ¿Por qué usted cree en un sistema que se niega a legitimarse en las urnas, encarcela por disentir, no permite la libertad de prensa y se opone la descentralización de la economía para resolver los graves problemas de abastecimiento, eficiencia y salarios de miseria?

Es posible que el señor Vasapollo ni se entere de mi curiosidad, no obstante me gustaría conocer su punto de vista. Al margen de las respuestas, dudo que pudiera resistir una par de meses bajo el estigma de la escasez, la represión y el burocratismo, tres de los pilares fundamentales que sostienen, a duras penas, el sistema. Este socialismo es amargo aunque, tanto dentro como allende las fronteras, haya gente que insistan en endulzarlo con el néctar de la manipulación.

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