Juan Antonio Madrazo Luna
Coordinador nacional del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR). cubainterracial.gl@gmail.com
CONDUCTA IMPROPIA
- Por Juan Antonio Madrazo Luna
- Publicado 7/05/2010
La corrupción es una debilidad anclada en la llamada “sociedad civil socialista” mucho antes de que la hoz perdiera el filo y aun es un fenómeno endémico descontrolado. Es una conducta que 50 años después no ha sido modificada, un círculo vicioso en todas las estructuras y niveles de la sociedad.
Tras la dolarización aparecieron en el escenario de manera incipiente “nuevos bloques sociales”. Este sector emergente es integrado por una capa de empresarios tanto civiles como militares, gerentes nacionales que comparten experiencias capitales, modos de vida y aspiraciones sustancialmente diferentes al resto de la población.
También los directivos de las empresas estatales convertidas en sociedades mercantiles privadas han logrado posiciones ventajosas en el mercado mundial, muchos con el uso del tráfico de influencia que mediante diferentes operaciones-incluida algunas vinculadas a la especulación en el mercado negro- acumulan fuertes sumas monetarias.
En los llamados espacios de debate institucional, en el mosaico de las ciencias sociales, en las publicaciones académicas, es una temática virgen. Aun no es reflejada por la prensa oficial y sus medios masivos de comunicación con la urgencia que merece. No se atreven a cuestionar y emplazar abiertamente sin antes recibir orientación. Los resultados de las auditorias se desconocen. La corrupción nos habita cotidianamente, forma parte de la mala educación de la sociedad. Hay un código de silencio que hace mucho daño, el cual se incuba en la desconfianza. Disciplina y salud financiera son conceptos ausentes de muchas de estas empresas estatales- familiares y sociedades mercantiles.
La anarquía empresarial, la violación de estatutos, el nepotismo, el débil control de la fiscalización, el sociolismo, la falta de transparencia de los mecanismos de control entre poderes, el fraude, la concentración de poder, la creación de feudos privados, son claves para descifrar e interrogar este fenómeno.
Por estos días algunos intelectuales orgánicos se alarman mediaticamente ante un flagelo que avanza a pasos agigantados y se desenvuelve a distintas velocidades. La corrupción tiene su base logística en la mala administración corporativa, política y pública del Estado. La concentración de poder crea coyunturas para el abuso de poder y la oportunidad de corrupción. La misma es un ambiente de apoyo que perpetua la pobreza y sus costos, pues desde las administraciones corporativas se alimenta un gigantesco mercado negro que no tiene freno.
La corrupción continúa como invitado indeseable. El enemigo difuso, devenido en tabla de salvación para muchos. Sólo rara vez se ataca desde las sombras, el silencio es el mayor de los aliados y cancela la oportunidad de encontrar soluciones pertinentes. Es un asunto complejo que no pude mantenerse invisible, hay que emplazar día a día la fortaleza inmovilista, a quienes administran nuestras riquezas, toman las decisiones por nosotros sin haberlas consultados pues conductas impropias e impunes como esta amenazan la calidad de vida de nuestra ecología social.