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LA PRIMERA CINEASTA CUBANA

Santa Fe, La Habana, 10 de junio de 2010, (PD) El Socialismo, no importa si es el clásico o el moderno, es experto en resucitar muertos. En Cuba, por ejemplo, tanto políticos como intelectuales y artistas, cuando al régimen les conviene, saca de su sombrero, como si fueran conejos en vez de seres humanos, a aquellos desaparecidos que fueron silenciados u ocultos en pijamas en sus casas durante décadas: el comandante Augusto Martínez Sánchez, ex ministro del Trabajo, José Llanusa, ex ministro de Educación, el Comandante Efigenio Ameijeiras, los intelectuales Carilda Oliver Labra, Francisco Riverón Hernández, José Lezama Lima, Virgilio Piñera y muchos otros.

 

Por estos días, aunque parezca mentira, y al cabo de casi medio siglo, el régimen castrista al fin ha aceptado que se le rinda un merecidísimo homenaje a Sara Gómez, (1943-1974) aquella muchacha que fue, aunque no guste a la nomenclatura, la primera mujer cubana directora de cine espontáneo, con una interesante obra crítica durante décadas. Era mujer y negra. Fue demasiado su atrevimiento.

 

Conocí a Sara recién triunfada la Revolución Cubana en el Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba y la saludé varias veces por La Habana. Era una mujer singular. A pesar del dogmatismo que reinaba en la Isla, la férrea censura que imponía el gobierno castrista a la creación artística, y ser una adolescente, Sara realizó numerosos documentales y largometrajes donde reflejaba, sin temor alguno, la realidad del país, después de más de diez años de fundado el régimen castrista.

 

Debo confesar que su filme De cierta manera, realizado en 1974 y que le costara una cruel censura por parte del alto mando del gobierno –ni el influyente Alfredo Guevara, director del Instituto Cubano del Cine pudo hacer nada para evitarlo-, jamás he podido verlo. Fue engavetado en 1974 en los archivos de la Seguridad del Estado y su autora enviada a casa, donde murió lamentablemente al cabo de unos meses.

 

Estamos pues ante otra de las tantas víctimas de aquel documento llamado Palabras a los intelectuales, de Fidel Castro, cuyos parámetros se colocaron, a lo largo de casi medio siglo, contra la libertad plena de la creación artística en Cuba.

 

Hoy, se pretende resucitar la obra y la persona de Sara Gómez, como medida política para subsanar errores. Se le hace un homenaje póstumo en los medios de comunicación, sin decir, claro está, que aquella talentosa y valiente muchacha hubiera podido llegar a ser una gran directora de cine. 

 

El Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate y el Instituto Superior de Arte –ISA-, ofrecen coloquios y conferencias sobre su corta, pero importante trayectoria de documentales fílmicos, exhiben toda su obra en las salas de video de la capital y se presenta una exposición de fotografías personales durante sus labores fílmicas.

 

Pero nada se dice en la prensa oficialista de cómo esta joven artista fue separada de forma cruel y arbitraria de su medio. Sólo que debe ser conocida hoy por los jóvenes creadores, porque estamos, dice, “ante una joya del cine cubano” algo que pasaron por alto los expertos censores políticos de aquellos años.

 

Documentales como ‘Solar habanero’ y ‘En la otra Isla’ serán presentados por estos días para su análisis y valoración por jóvenes estudiosos del séptimo arte y sobre todo, ‘De cierta manera’, el primer largometraje de ficción realizado por ella, hace más de treinta años.

 

Mucho más hubiera hecho hoy Sara Gómez ante la realidad cubana, si hubiera podido ver cómo las cárceles cubanas tienen un altísimo por ciento de hombres y mujeres de su raza, y cómo siguen proliferando los solares habaneros y sobre todo los barrios marginales, paisajes que prefería la cineasta y que motivaban su espíritu creativo.

 

Seguramente veríamos a aquella negra, joven y bonita, cámara en mano, recorriendo las ruinosas calles capitalinas y entrevistando a ancianos de su raza, los que después de muchos años de trabajo, continúan viviendo en un oscuro y maloliente cuarto de solar, a ancianas vendiendo en bolsa negra cigarros, maní o caramelos hechos por ellas mismas, para poder comer caliente, porque la jubilación no resuelve.

 

Es una pena entonces que vayamos hoy tras la desaparecida imagen de Sara Gómez, y no sea ella la que va tras la imagen dolorosa de un país con más de medio siglo de atraso. 

primaveradigital@gmail.com


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