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EL CONDÓN

San Germán, Holguín, 10 de junio de 2010, (PD) Fue por uno de esos malabarismos del lenguaje popular.  El entonces primer Secretario del Comité Provincial del PCC en Holguín, Miguel Díaz Canel entró a finales de 2002 a Holguín con la furia y fuerzas de quien quiere derribarlo todo, para construir todo de nuevo.

 

Entre las nuevas medidas estaba la de impedir el avance del mercado negro (mas eficiente que negro), la iniciativa individual y el relajo colectivizado, tan propio de la zona oriental como de Cuba toda.  Para cumplir su objetivo, puso puntos de inspección en las cuatro entradas y salidas conocidas de la ciudad: San Germán, Mayarí, Habana y la carretera a Bayamo.  Durante semanas los guajiros y comerciantes, no podían entrar siquiera con un galón de leche recién ordeñada para vender a las caseras.  

 

Había que ingeniárselas para poder servir un vaso de leche en la mesa de los niños, a no ser que fuera la racionada, por cierto, poca.

 

Como no dejaba pasar la leche de vaca (hacia la ciudad), comenzaron a llamarlo en la jerga popular “El condón”, referencia directa a la funda elástica que retiene la eyaculación.  Su nombre quedó para siempre, no obstante que un buen día eliminara la injusta medida.  Tiempo después, cuando se abrieron las puertas de la ciudad al mercado  informal, y los inspectores y policías se hicieron los de la vista gorda, volvieron a entrar los furtivos vendedores con cachiporras y toneles plásticos.   El pueblo para seguir la idea refería “se rompió el condón”.  Ya todos sabían. 

Otras ‘hazañas’ se conocen del hoy flamante Ministro de Educación Díaz Canel. Su principal pataleta por la tierra de nacimiento de los Castro fue intentar embellecer la provincia. Para ello promocionó como lema, tarea bajada desde arriba y como guillotina para quien no lo cumpliera, el Proyecto Imagen. Consistía en hacer un Bulevar, sí, como están leyendo, un bulevar en cada municipio. 

 

En San Germán cerró la calle de acceso principal a la fábrica de azúcar, puso cuatro losas de granito, repintaron los bordes y agregaron algunos adornos entre los árboles. El Bulevar estuvo listo en un mes, pero los quioscos metálicos que compró en la fábrica de combinadas cañeras costaron alrededor de 30 mil pesos cada uno. Pintaron de óxido rojo el techo de cinc del viejo departamento comercial y esa noche inauguraron la ‘obra maestra’ con discursos, refrescos y confituras que nunca más volvieron a vender.

 

Ahora el carro de bomberos del ingenio, no puede pasar por aquella calle que daba acceso directo en caso de incendio: toscas macetas con plantas ornamentales lo impiden.  Así sucedió en casi todos los municipios donde la mano maravillosa de este comisario político intentó implantar el Proyecto Imagen. 

 

Pero como las historias en los pueblos siempre están encadenadas, ahora tiene un sobrenombre: “El condón-ministro”.


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