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SABER ACUMULADO

Mantilla, La Habana, 17 de junio de 2010, (PD) Hay libros que resultan del saber acopiado por años de investigaciones documentales minuciosas y bien dirigidas. Este es el caso del último libro salido de las manos y la inteligencia de Zoila Lapique Becali, bibliotecaria, Licenciada en Historia en la Universidad de La Habana y Premio Ciencias Sociales 2002.

La primera edición del volumen “Cuba Colonial: Música, Compositores e Intérpretes, 1570-1902” fue hecha en 2008 por Ediciones Boloña, perteneciente a la Oficina del Historiador de La Habana. La segunda edición, conjunta con la Editorial Letras Cubanas, se presentó al público en general durante la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana.

Múltiples valores contienen las páginas del libro. Primero, debemos ocuparnos de valorizar en las páginas iniciales una especie de crónica de matiz autobiográfico, titulada “Mi legado musical”, en la que muestra la autora sus lazos familiares y la interrelación con la mejor música dentro del seno hogareño.

En estas páginas, relata recuerdos de la época de infancia y juventud en el seno familiar. Proveniente de una familia donde la alta cultura y el arte eran plato diario de esparcimiento, rememora funciones de teatro, conciertos y cine de una época –primera mitad del siglo XX- hoy prácticamente desconocida en detalles para la mayoría de los amantes de la música, la danza, el cine.

La lectura de la cita del Maestro Stravinski que utiliza a manera de exordio, marca el respeto por la tradición, la importancia del reconocimiento de la autora por la memoria musical.

Con afán de compiladora, la autora recoge en el texto lo que apareció reseñado, documentado, testimoniado, por la prensa escrita del amplio período que abarca, pero hizo más todavía cuando analiza las relaciones entre músicos y sociedad, así como las tendencias del gusto musical del público.

A mi entender, este tema añade un valor añadido muy particular al libro de Lapique Becali, porque al hacerlo, profundiza en quienes, cómo y hasta donde influyeron en la génesis de la música cubana los sujetos que la produjeron y las demandas de quienes la consumían.

Un tratamiento del tema que trasciende la obra del sabio Fernando Ortiz y al propio tiempo sitúa a la investigadora en una de sus seguidoras, reside en el reconocimiento y sistemático seguimiento que hace de los aportes de negros y mestizos en el logro de una identidad nacional en la música compuesta en la época.

Otro de los valores que resaltan en esta obra abarcadora y fundamental para conocer las raíces de la música en la isla, reside en el alto valor documental que muestra. Partituras originales de danzas y contradanzas, tangos, letras de canciones, guarachas, retratos de músicos y las abundantes notas, así como el sistema referencial, acumulan importancia por el testimonio que ofrecen a estudiosos, investigadores y amantes de la música cubana, en las cinco partes en que se divide el volumen.

En una crítica del libro, desafortunada por su aproximación superficial, escuchada en una reciente emisión de radio, el autor reclamó la poca atención que concedió la investigadora Lapique Becali a la música cubana compuesta por autores menos distinguidos o desconocidos por las clases altas, puesto que solamente analiza la repercusión de la producción musical en la prensa escrita de la época tratada.

Sin embargo, pasó por alto el valor sociológico del análisis realizado por la investigadora cuando sí recoge, sistematiza y profundiza en las relaciones entre los músicos, grupo racial y social al que pertenecían y los consumidores de la música que producían, asimismo los lugares en donde se materializaban los hechos artísticos recolectados de las páginas de los periódicos de la época, las críticas y las tendencias en el gusto de los consumidores de esa música.

Gracias a una labor de investigación documental por más de 40 años, la bibliotecaria y amante de la música Lapique Becali, escribió una obra que iguala por derecho a La Música en Cuba, de Alejo Carpentier, y otras obras posteriores de diferentes autores.

Estas son ventajas bien logradas que ofrece el conjunto del texto, pues sortea con éxito los inconvenientes que representaría el extenso período de la historia musical cubana del que se ocupa.

En consecuencia, no podemos, después de esta inmersión en las páginas del texto de Zoila Lapique Becali, hacer menos que elogiar la presentación de este aporte valioso para cubanos y extranjeros interesados en conocer el génesis de la música en Cuba por la destacada musicógrafa cubana.


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