DEFINICION DEL HUMO
- Por Frank Correa
- Publicado 18/06/2010
De nombre patricio, nos parece enfrentar a un caballero con título nobiliario, investido de férreas armaduras y un rebuscado verso, pero es la sencillez de sus palabras, plenas y desprovistas de artilugios quienes desbordan sus páginas. Es la inmediatez de una imagen urgente lo que nos acerca, atrapada en el recuerdo y postergada muchas veces por batallas mayores y menos importantes.
Sus poemas se funden en una obligada numeración de remembranzas, y la marca eterna del primer amor y otras pasiones.
Berta, con sus labios furtivos, llenos de soledades.
Maria del Rosario, con su alma acribillada en su playa vacía.
Margara, sonido aleatorio de aguas rompiendo la memoria y hablándole a sus manos. Mariela, apretando el perro de peluche sobre pechos bronceados, mientras que afuera el estridente aullido de las masas asesinaba la efusión antigua aquel verano de 1980.
Laura, de niña traficando sombras al acecho con su ternura blanca.
Rosicler, a quien amar la trastornó hasta el colapso.
En fin, todas sus princesas de terracota, en una editorial llamada Destiempo, donde se publicaban relojes y literatura de tercer grado.
En Definición del humo, algunas construcciones poéticas son dignas de un aparte: marineros comidos por la bruma, asesinarla de un mordisco en el codo, minuciosa acrobacia, o donde dije cántaro debí decir te quiero, se quedan grabadas en la memoria como títulos para libros futuros o referencias de un estilo que intenta apartarse del vanguardismo tradicional y los parámetros convencionales impuestos por la crítica. Retablos, Villancicos, Sonetos y Ballenatos se ofertan al por mayor en este poemario, como en una feria de oportunidades. Pero además del amor, este libro contiene la rabia, el desespero y la esperanza contrita y aplazada.
Cuba no es mi país es un poema árido, incontrolable, que pudiera hacer llorar si no tuviera ese final de competencia, donde el atleta se lanza en el último instante sobre la meta y muere, sin saber jamás que ha logrado la hazaña. Cuba no es mi país, como no sea, mi propio corazón parado en seco.
Aunque luego de un riguroso tamiz es sin dudas Lo mal soñado, el poema de mayores recursos estilísticos y posibilidades de lecturas, como un río al que en cada primavera le descubren un afluente y que está todavía despertando.
Ahora que se acerca el tiempo de comprender por fin a Cuba, la poesía exigirá también su peldaño en la tarea de zurcir y enmendar. Y Antonio Conte, el eterno exiliado, con este grano de arena a las letras cubanas, deja la sensación del humo detenido un instante en figura corpórea, sublimado en su altura como gotas de miel que caen, caen, caen…