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CUBAZO

Jaimanitas, La Habana, 5 de agosto de 2010, (PD) Dos checos  me visitaron ayer interesados por mis escritos sobre el pueblo costero nombrado Jaimanitas. Querían,  entre otras cosas, preguntar cuánto  había  de cierto  en algunos sucesos increíbles que narraba, o si resultaban producto de mi imaginación.

 

Eran altos, delgados,  muy blancos,  hablaban español. La primera pregunta que me hicieron   fue cómo aceptaban en el barrio mi condición de periodista independiente. Le respondí que muy mal,  que me tenían  constantemente vigilado.

 

--¿Te han detenido?

--Tres veces en lo que va de año --dije --. Eso repercute en los vecinos.

 

--Me di cuenta --dijo uno de los  checos --. La vecina de al lado, cuando pregunté por tu nombre, hizo un mohín con la boca.

 

Le conté que precisamente esa vecina era una funcionaria, y el esposo teniente coronel  de la seguridad personal de Fidel Castro. Vivimos pared con pared, le enseñé la casa de dos  pisos con azotea que habían construido, mientras que yo ni siquiera podía  cambiar las tejas rajadas del techo,  y cuando llovía se me mojaba toda la casa. Anotó eso.

 

Me preguntó cómo iban los Derechos Humanos  en Cuba  y    de  repente  le cayó un cubo en la cabeza nadie  sabe de dónde,   y el checo abandonó su silla   asustado. Miró para arriba. Los demás también nos alarmamos.

 

--¿De dónde vino eso? --me preguntó.  

 

--Del aire. ¿De dónde más?

 

Tras  este  incidente decidieron retirarse. Para estimularlos, le dije que las respuestas a sus preguntas ya estaban dadas. Habían comprobado que  las historias  de  Jaimanitas  eran tan ciertas como extrañas. Tenían de primera mano   aquel cubazo en la cabeza   en el justo instante en que  preguntaban por la situación de los Derechos Humanos.

beilycorrea@yahoo.es

Foto: Frank Correa                                                                                                


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