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LA GENERACIÓN DE LA PRIMAVERA

Jaimanitas, La Habana, 12 de agosto de 2010, (PD) Yo lo llamo Juan, pero todos les dicen el Johnny. En el corto lapso que lo conozco, he aprendido con él que todo periodista tiene primero que quedar complacido consigo  mismo, no importa lo que crean los demás. El mérito de lo que  escribimos para  la página Primavera Digital  es haber enfrentado valientemente a una dictadura.

 

Con Juan González Febles,  periodista egresado de algunas disciplinas en la universidad de La Habana  y  de la calle,  he podido coincidir conque el buen periodismo es el que al final pueda ser recordado por objetivo y práctico, más que por escolástico y engolado.

 

Sus tres perros, su esposa Ana, y  la humildad de su pequeño apartamento en un segundo piso de un antiguo edificio de la barriada de Lawton, acogen a un grupo de periodistas independientes al comenzar cada   mes, que  van  a entregarle artículos y crónicas para publicar. Una enorme serpiente Cobra  en posición de ataque colgada en un afiche en la pared  les recuerda siempre a los reporteros estar atentos  del terreno que pisan, pues los pasos en falso siempre retardan o equivocan la marcha.

 

Comentó Febles cierta  vez que la Cobra significa  intuición, ubicuidad y  prestancia, aunque no lo dijo  exactamente con esas palabras. Sus editoriales  semanales y sus análisis sobre la situación social de Cuba persiguen precisamente  estos  atributos, fundamentos esenciales para  los apasionados por  el oficio de escribir. 

 

Siempre  que  lo visito,  y  me encuentro con   redactores de Primavera Digital me sucede una cosa extraña.  Siento como si viviera   otra vez  los años veinte de París, con la generación perdida.  Perdida bajo otras circunstancias,  y  al contrario  de aquellos norteamericanos emigrados a  la Meca del arte, hoy constituimos  el rezumadero de  disímiles rincones de la isla,  provistos de los más variados orígenes, estilos y posturas.

 

Entre Luis Cino, Víctor Manuel Domínguez,  Miguel Iturria, Jorge Olivera, o Aleaga Pesant,  la generación de la primavera, de tan perdida  al final del túnel, encontrará  salida.

 

Muchos estados de opinión, catarsis y análisis esotéricos   de este mundo emergente y contradictorio que conforma  la disidencia cubana,  ven la luz  en su pequeño cuarto de la calle Armas, donde nos recibe  con  afecto, una mirada inquisitiva, un vaso de agua, un café y un “buenos días, maestro”.

beilycorrea@yahoo.es

 


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