Lucas Garve
Periodista, escritor y profesor de idiomas. está al frente de la Fundación para la Libertad de Expresión. garvecu@yahoo.com
A CAPELO LIMPIO
- Por Lucas Garve
- Publicado 2/09/2010
Quien piense que meto baza en el asunto movido por simpatías personales o por compromiso con persona cercana a mí, se equivoca. Ya desde el anuncio del proceso de excarcelación de los presos políticos de marzo – abril 2003, expresé mi punto de vista acerca del tema en un texto enviado a CUBANET bajo el título “Se entreabren las rejas”.
La presencia del Cardenal Ortega Alamino en este proceso ha sido aplaudida por muchos y criticada por otros tantos. Si bien la Carta al Papa actual no dice ni persigue que se detenga el proceso de excarcelación de los presos, sí deja ver que el papel jugado por la jerarquía católica no ha tenido la acogida unánime que la mayoría de los asuntos oficiales en Cuba acostumbran tener.
La maniobra del gobierno cubano ha sido la de invisibilizar al sector opositor como actor social para demostrar al mundo la poca importancia que este tiene y la menor representatividad en los asuntos nacionales. Sin embargo, reprime cada acción de estos a quienes oficialmente llama grupúsculos, mercenarios, etc.
Reconocer al Cardenal Ortega, a la jerarquía de la iglesia, como representante social de la población y del padecer de los presos significa no torcer el brazo y descalificar a quienes se han opuesto y han denunciado públicamente los errores y las meteduras de pata del gobierno comunista durante cincuenta años.
Realmente, hace muy poco en entrevista a la prensa católica nacional y con repercusión evidente en la extranjera, declaraciones del prelado Ortega y Alamino abordaron la situación de crisis del país y su actuación ante el hostigamiento represivo gubernamental sufrido durante las jornadas de marzo del presente año por las Damas de Blanco en sus actividades públicas, hecho que lo revistió de un carácter identificado de cierto modo con quienes buscan un mejoramiento en el clima socio político del país. De aquí saltó al salón de conversaciones a tres bandas que se estableció entre el Gobierno cubano, el canciller Moratinos y la jerarquía católica. Un proceso de diálogo que según los interlocutores no se ha cerrado todavía.
En el texto de la misiva a Su Santidad están expuestas las razones que los firmantes encuentran válidas para calificar la postura de la jerarquía de ese modo. Destierro y éxodo de familias, me parecen que no ayudan a cerrar las grietas del alma de esta sociedad que anhela reunirse y reconciliarse para sentirse Nación, porque la Patria no tiene dueño, amo, propietarios ni usufructuarios: es de todos.
Es un craso error calificar de sector radical a quienes escrutan y exponen la realidad monda y lironda, tal como es. No hay otra forma cuando se trata de asunto tan sensible, manipulado y a la vez doloroso, como es el de los presos políticos.
Tampoco me parece que la jerarquía católica pueda desempeñar el papel que a otros corresponde por representar en definitiva a una institución con sus intereses bien marcados, si bien no deja de ser cierto que cuenta con una red de influencias y con una experiencia diplomática de varios siglos.
Los firmantes en su totalidad ofrecieron su firma voluntariamente y a título personal. Desgraciadamente, en Cuba, desde hace más de cincuenta años es algo habitual que estar de acuerdo con la acción, las ideas o las tesis de alguien, signifique militancia y apoyo incondicional. Eso es otro error.
Recobrar la democracia, la justicia social, etc. no puede lograrse desde un campamento. El partidismo que emana del texto de respuesta a la Carta al Papa Benedicto XVI publicado en Espacio Laical proviene de un hábito perjudicial para el surgimiento de una real democracia. Es el hábito de querer dialogar exclusivamente con quien está de acuerdo conmigo.
El desconocimiento de los llamados al diálogo dirigidos por los opositores al gobierno en muchas ocasiones revela que no se tiene una visión integral de todo un reclamo que no se inició hoy, sino desde los años ochenta y que solamente ha obtenido el rechazo del régimen.
La liberación de los presos políticos, la solución a los problemas sociales, el mejoramiento del clima social y económico son temas que de una forma u otra han sido expuestos por sectores de la oposición con diferentes puntos de vista, pero con el ánimo de ser discutidos por toda la población y las autoridades. No obstante, la respuesta gubernamental ha sido negativa o de carácter represivo.
Utilizar el mismo discurso manipulador de la propaganda oficial al vincular el hecho de redacción de esa Carta al Papa con redes internacionales, fuerzas dentro y fuera de la isla, grupos de poder multinacionales, no deja ser risible, aunque por costumbre es el recurso bastante gastado y manido que emplea el gobierno para descalificar a cualquiera que emita un criterio opuesto o que simplemente se aparte de lo dictado por las altas esferas del poder. Como ejemplo reciente, véase el caso del académico Esteban Morales.
Foto: Lucas Garve