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LA EXCARCELACIÓN ES NECESARIA PERO INSUFICIENTE

Cabañas, Habana, 2 de septiembre de 2010 (PD) La excarcelación de presos políticos cubanos está surtiendo el efecto esperado por la oficialidad. Los medios, los incondicionales a los gobernantes cubanos, tanto los ciegos como los desleales, y parte de la opinión internacional se centran en ella e ignoran de momento los restantes aspectos de la crisis de la nación cubana.

Los que se identifican por todo el mundo con el respeto a los derechos humanos y la democracia en la isla, han coincidido siempre en la necesidad de que se deje de encarcelar, marginar, acosar y reprimir a los hombres por sus ideas.

Los pedidos a los que detentan el poder en Cuba por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países que basan sus relaciones con terceros sobre principios al mismo tiempo que sobre intereses, incluyen el mejoramiento de las condiciones de vida de los cubanos. Ese mejoramiento solo es posible en democracia, entendida como libre y decisiva participación de los ciudadanos en la vida pública, la sociedad regida por instituciones y no por individuos o bandos, el estado de Derecho y el imperio de los derechos humanos junto a libertades económicas que permitan el despliegue de todo el potencial nacional para la creación de riquezas.

Es necesaria la excarcelación de todos los presos políticos, pero con eso no basta. La solución de la crisis nacional demanda además la adecuación de la legislación interna a las normas internacionales de derechos humanos. Por esta última razón, deben modificarse la Constitución y derogarse todas las leyes que coartan derechos y libertades de los individuos, tan abundantes en la actualidad. Si no se hace así, las cárceles seguirán llenas de inocentes por causas asociadas a sus posturas disidentes al régimen hasta que la próxima oportunidad política recomiende su canje.

Debe darse la necesaria independencia al orden jurídico e institucional para que puedan cumplir con la demanda de imparcialidad propuesta por Naciones Unidas. Este es el único camino para que la ley y la justicia no anden divorciadas, como ocurre ahora en Cuba.

Deben trocarse realmente, en discurso y en las prácticas sociales, la intransigencia por la tolerancia, el inmovilismo por los cambios necesarios que gocen de consenso entre la población y la represión por oportunidades de aporte al bien común por parte de los individuos.

Liberar inocentes encerrados tras los muros de las prisiones es bueno y necesario pero no suficiente. Liberar a todas las víctimas encerradas tras los muros de la intransigencia, el inmovilismo y la represión, privadas de derechos y libertades, es también bueno y además necesario.

La disyuntiva esta planteada a los gobernantes cubanos. Así la expresa Martí: O se quiere reformar al país, o se anhela el puesto desde que se rige a la nación; -aquello fuera nobleza… (…) esto es ambición bastarda.”

corrientemartiana2004@yahoo.com

Cita de Martí, José, Obras completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975, tomo 6 pagina 212.


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