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CON UN APARATO DE FLIP

 
Lawton, La Habana, 16 de setiembre de 2010, (PD) Bien temprano en la mañana tocan a mi puerta con más insistencia de la que permite la educación formal. Son dos trabajadoras de la salud.
-Buenos días, estamos haciendo un pesquisaje- dicen.

-Buenos días- digo, al tiempo que les pregunto: “¿Es que hay dengue?

Sin hacerme caso, una de ellas me pregunta mientras la otra anota en una libreta: “¿Cuántas personas viven aquí?”

-Tres adultos”, le respondo.
-¿Alguno tiene fiebre, dolor de cabeza o en las articulaciones?

Le respondí que no. Entonces aconseja: “Si se presentan algunos de estos síntomas, acudan enseguida al cuerpo de guardia del policlínico.”

Ya no me cabe duda, debe de ser cierto lo que se dice hace días: hay dengue en el barrio. Pero como hemos visto a través de todos estos años, este tipo de situaciones no se le informa a la población.

Cuando la radio, la televisión y los periódicos comienzan a dar orientaciones para evitar criaderos de mosquitos, esto basta para saber que hay dengue en la ciudad.

Hoy es día de suministro de agua en Lawton. Hay que recogerla y acumularla, pues el servicio es ineficiente e irregular. A pesar de ello, las amas de casa tienen que soportar la invasión de brigadistas que revisan las casas y recogen muestras de los depósitos de agua, a los fumigadores que amenazando a las personas que se niegan a dejar que fumiguen en sus casas con petróleo. Como siempre, insisten en que los mayores focos del mosquito Aedes Aegipty se encuentran en las viviendas.

Una vecina dice: “Nada, que se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena. Quieren culpar a la población, pero hay que acabar con los mosquitos en otros lugares. El Gobierno no se ocupa de destupir las alcantarillas, arreglar los baches llenos de agua, los salideros, las aguas albañales por todas partes. Ahí también se cría el Aedes Aegipty.”

Juan, un anciano que vive solo, es uno de los que se niega a dejar fumigar su casa. “Mire, joven,” le dice al brigadista, “antes, con un aparatico de flip, que me costaba unos quilos, y una latica de insecticida Bandera Negra de 10 centavos, fumigaba mi casa y no tenía mosquitos, y de dengue no se oía hablar.” Y agrega: “Si a estas alturas se retrocedió en la agricultura a los bueyes y al arado, ¿por qué no dejar que los artesanos hagan sus aparaticos de flip? Seguro que todo el mundo iba a fumigar diariamente.”
primaveradigital@gmail.com

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