Los disidentes adquirieron o recuperaron gran notoriedad a principios de centuria y milenio, cuando el Parlamento Europeo otorgó a Oswaldo Payá el Premio Sajarov 2002 y, aun más, cuando las autoridades encarcelaron a 75 disidentes en la "primavera negra" de 2003. No es que después los opositores cubanos desaparecieran del mapa, pero sí que fueron perdiendo fuelle mediático.