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SIMULACRO DE AGRESIÓN
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Amarilis C Rey
Periodista independiente. amarilisrey@yahoo.com 
Por Amarilis C Rey
Publicado el 23/09/2010
 
Managua, La Habana, 23 de septiembre de 2010 (PD) La mañana del domingo el pueblo de Managua se despertó al compás de algunos cañonazos. Las sirenas de los autos patrulleros daban el dramatismo que necesitaba la ocasión. La policía, apostada en las esquinas, cuidaba que el desvío el tráfico no se violentara por algún despistado.

Militares uniformados seguidos por los viejos combatientes, a quienes ya les cuesta trabajo mover las históricas botas del uniforme, y algunas personas del pueblo, se detenían en varios sitios de la calle principal

Managua, La Habana, 23 de septiembre de 2010 (PD) La mañana del domingo el pueblo de Managua se despertó al compás de algunos cañonazos. Las sirenas de los autos patrulleros daban el dramatismo que necesitaba la ocasión. La policía, apostada en las esquinas, cuidaba que el desvío el tráfico no se violentara por algún despistado.

Militares uniformados seguidos por los viejos combatientes, a quienes ya les cuesta trabajo mover las históricas botas del uniforme, y algunas personas del pueblo, se detenían en varios sitios de la calle principal

De forma discreta e inusual, el ejercicio había sido notificado a los vecinos de la localidad unos días antes.

“Imagínate con tanto alarde de guerra, si no avisan, capaz que varios viejos se mueran del corazón”, dijo una joven que escuchó el aviso de simulacro de agresión.

También Liulmila, otra joven del pueblo, advirtió a su abuela la noche antes: “Oye, mañana van a tirar tiros, pero son de mentiritas, no te vayas a asustar.”

Terminado el ejercicio de defensa, se improvisó una feria a la entrada del pueblo para ofertar productos del agro. También se exhibían piernas de cerdo y carneros. En unas cajas azules, con la bandera cubana y el numero 26, se vendían panetelas. Una música estridente opacaba los desanimados pregones de los vendedores.

Mientras comprábamos, pregunté a unas vecinas si conocían el motivo de lo que acontecía y respondieron: “Mira, lo único que sabemos es que nos despertaron con cañonazos y ahora nos venden comida. Aquí estamos, pues nos dijeron que iban a sacar arroz, pero parece que fue una falsa alarma. Alarde nada más”.

Desde hace varios días, la policía trata de encontrar al culpable de un intento de robo en la oficina comercial de la empresa telefónica en la localidad. Según versiones, el pasado jueves en las primeras horas de la tarde, un joven vestido con ropas de militar y armado con un machete, amenazó a la empleada del mencionado sitio para que le entregara el dinero recaudado. La empleada narró que el agresor le puso el arma blanca en el cuello y al tratar de defenderse sufrió varias heridas en los dedos de su mano derecha.

“Yo grité y él se asustó y huyó”, dijo la mujer a una compañera que trató de socorrerla. “Traté de accionar la alarma pero no funcionó. Venía con el rostro cubierto con un pañuelo y me decía que le entregara el dinero”, contó mientras sus manos temblaban.

Algunos vecinos del pueblo aseguran que hasta este sábado no habían podido capturar al sospechoso.

En opinión de varios policías la delincuencia se pondrá peor en la medida que comiencen los anunciados despidos laborales.

“La gente en Cuba se acostumbró a vivir del invento, a llevarse lo que pueden de donde puedan y venderlo, y eso no va a cambiar porque la situación que tenemos es peor cada día”, expresó un residente del pueblo que pidió no revelar su nombre.

El simulacro de agresión posterior al intento de robo a pleno día es probablemente algo casual, pero ha tenido a la policía y los residentes del pueblo en ascuas. Nadie sabe, pero a todos preocupa como puede ser el futuro inmediato.