El Vedado, La Habana, 23 de diciembre de 2010, (PD) La vanguardia contestataria y prodemocrática agrupada alrededor de la Alianza Democrática Oriental (ADO) se presentó frente al hospital Amalia Simoni, de Camagüey. Era principios del año 2010. Más de treinta personas alertaban sobre la huelga de hambre de un preso político.

La huelga era endurecida, por dieciocho días de negativa de dar agua al estoico, por carceleros y médicos o médicos y carceleros, que no es igual, pero para el caso fue lo mismo. Mientras, en la ciudad de los tinajones, la manifestación pacífica de apoyo al huelguista era atacada brutalmente por bandas paramilitares y tropas antimotines, encabezadas por el primer secretario del Partido Comunista en la provincia, el mayor del Ministerio del Interior Julio César García Rodríguez.

Las alarmas sobre el destino del hombre sonaban incansablemente, el dictador miraba a otro lado. El 23 de febrero en horas de la tarde murió Orlando Zapata Tamayo. Un nuevo nombre se sumó al martirologio cubano. Pero a diferencia de otros miles, durante más de cincuenta años, esa muerte tendría un alto costo en la política exterior de la dictadura.

Nadie pudo argumentar que Zapata Tamayo murió de frío, como los ancianos abrazados en imágenes dantescas tomadas en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, causa por la cual fue destituido el ministro José Ramón Balaguer Cabrera. Tampoco se puede alegar desconocimiento. Todo el tiempo, Doña Reina Luisa Tamayo Danger y otras personalidades prodemocráticas y defensoras de los derechos humanos alertaron a través de Radio Martí y otros medios de comunicación sobre la tragedia en ciernes. Zapata murió por la incapacidad para negociar de un régimen divorciado de la nación por la insolvencia política que domina a la elite comunista.

La tarde en que Zapata agonizó llegó a La Habana en visita de estado el Presidente de Brasil, Luis Da Silva. Raúl Castro, el General Presidente, ocupado en “razones de estado”, no atendía el tema de “el negro ese”. Su hijo Alejandro tampoco.

Los altos mandos del Ministerio del Interior, se mantuvieron al margen durante el desarrollo de la crisis, al no tener órdenes de cómo actuar o qué informar. Los analistas de inteligencia en Línea y A, con sus altos salarios, sus prebendas, sus viajes al exterior y sus autos con matrícula particular, no alertaron de las consecuencias del desenlace. ¿A quien le importa un negro disidente?

Sin embargo, toda la imprudencia del Estado se concentró esa fría tarde de martes en la muerte del Prometeo de Banes. La denuncia fue inmediata. Personalidades y grupos prodemocráticos aumentaron la presión sobre el gobierno al denunciar el hecho. Hubo cientos de detenidos en todo el país, nuevos huelguistas de hambre. La comunidad internacional se movilizó para condenar el crimen. El Presidente de Brasil, cogido en supina ignorancia en conferencia de prensa al lado del General -Presidente, pagó un alto precio político y terminó por destituir a su embajador en La Habana.

¡Zapata vive! se convirtió en el llamado de la sociedad internacional. Los esfuerzos del gobierno español por tenderle un puente a la dictadura, sufrieron el mayor descalabro. El canciller Moratinos, de quien ahora sabemos por WikiLeaks que todo el mundo pensaba que era un estúpido, fue cesanteado pocos meses después. La dictadura vio aumentar el rechazo internacional. Raúl Castro tuvo que moverse. La campaña mediática en los medios oficiales y oficiosos del gobierno solo desprestigió a los intelectuales involucrados.

Las presiones sobre las Damas de Blanco del Jefe de la Sección 21 de la Seguridad del Estado, el Coronel Ernesto Samper, agriaron más el panorama. Diplomáticos de naciones democráticas y la prensa internacional eran testigos. El valor y entereza de las Damas dieron el golpe final. Los comunistas encontraron una solución en la liberación-destierro de los presos políticos, empezaron a tomar algunas medidas económicas y se decidió a convocar al sexto congreso comunista.

La percepción internacional sobre la realidad cubana cambio radicalmente. Dejó de ser la revolución romántica, la de barbudos rebeldes ante el mal gobierno, defensores de la soberanía ante el poderoso vecino, enviando tropas a independizar países africanos o médicos y profesionales (esclavos) a lugares emergentes como Haití, Paquistán o Bolivia, para convertirse en el imaginario internacional en la tiranía geriátrica que transfiguró la isla en una inmensa prisión, y que para sobrevivir pisotea los derechos mínimos de sus ciudadanos.

La clase política europea con la rápida y dura condena de su parlamento, alertó y movilizó a la comunidad internacional de lo que sucedía. Su aldabonazo detuvo la falaz campaña de la cancillería española para desarmar la Posición Común instaurada en 1996 y trazó la ruta por donde avanzaría la clase política mundial y las organizaciones civiles internacionales. La Unión Europea mantuvo la Posición Común y para noviembre su parlamento nombró a Guillermo Fariñas Hernández, Premio Zajarov de la libertad de conciencia 2010.

Intelectuales prodemocráticos apoyaron la posición europea y lanzaron la campaña de adhesión al documento Yo Acuso Al Gobierno De Cuba, que estremeció los cimientos del gobierno militar con decenas de miles de firmas de prestigiosas personalidades de todo el mundo. Algunas de las cuales recién se suman a los descontentos.

En cambio la campaña Una Nueva escalada subversiva ha sido lanzada contra Cuba, presentada por el Canciller Bruno Rodríguez en los pasillos de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra no encontró apoyo. Los intentos de los embajadores cubanos por detener la indignación de parlamentos y gobiernos extranjeros (como el de México), se enfrentaron a su vez a un rechazo más fuerte y fueron acusados de injerencistas.

Un apéndice lanzado por Miguel Barnet y la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) sobre el tema, junto a otras organizaciones pro gubernamentales (OPG), lo rechazó la mayoría de los intelectuales del mundo. Las firmas convocadas aparecieron en las páginas del Granma.

Gobiernos y parlamentos democráticos latinoamericanos hasta ahora complacientes y temerosos con la tiranía, levantaron su voz para condenar la situación isleña y exigen la libertad incondicional de los presos políticos. Representantes del exilio democrático fueron recibidos en varios de esos palacios presidenciales y cancillerías.

En los organismos internacionales la censura se hizo palpable a través del Secretario General de las Naciones Unidas Bam Ki Mon, quien expresó preocupación por la muerte de Zapata y las violaciones de los derechos humanos en la isla. En la Organización de Estados Americanos, pasó otro tanto y Miguel Insulza, tan presto a la entrada de la tiranía en la organización hace solo un año, gracias a la presión venezolana, rectificó su posición anterior y condenó el asesinato.

A la ola de indignación se sumaron galvanizados por la justa causa de la libertad de su patria, los emigrantes cubanos. Las marchas solidarias con las Damas de Blanco y los presos políticos, desarrolladas en Miami, Los Ángeles y otras ciudades norteamericanas y europeas, estremecieron al mundo y cambiaron la percepción internacional sobre ellos. Acusados hasta hoy por el gobierno y sus afines internacionales de mafiosos e intolerantes, se levantan a partir de ahora como un grupo humanos capaz de reaccionar ante los crímenes políticos en su país y de lograr simpatías sobre su lucha.

Nada fue igual para la monarquía Castro Ruz. La historia no los absuelve. Es más, luego de la muerte de Zapata llevarán al infierno la condena infinita. ¡Zapata ha muerto! ¡Zapata vive!
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